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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 137

La música sonaba a un volumen perfecto en el enorme jardín de la mansión.

No perdieron tiempo para celebrar con sus amigos; ya estaban todos reunidos disfrutando de una noche increíble.

El ambiente estaba cargado de risas, copas chocando y una energía de pura felicidad.

Allí estaban los más íntimos: Fernando bailando muy animado con Lucía, Adriana liderando la conversación con un grupo de la empresa de Amanda, y un poco más apartada, observando todo con una sonrisa tranquila, la nueva arquitecta, Valeria. Los empleados de la corporación también se habían sumado al festejo.

Cantaban, bailaban, gritaban de alegría; la noticia de que Víctor y Amanda esperaban una niña había caído como una bendición.

Daniel, fiel a su estilo, se había pasado la mitad de la tarde buscando la oportunidad perfecta para acceder a la arquitecta.

La derrota de la mañana en la oficina no se iba a quedar así.

Cuando vio que ella caminaba hacia la barra, aprovechó el momento. Se acomodó el saco y se le paró al lado con su habitual exceso de confianza.

—¿Qué te parece si después nos vamos a tomar unos tragos? —le soltó, mirándola con picardía.

Valeria dejó su copa sobre la mesa, se cruzó de brazos y lo miró de arriba abajo.

Intentó mantener su fachada de hielo, pero por dentro se estaba riendo de la tremenda insistencia de este hombre.

—Eres bien cansón —le respondió, arqueando una ceja.

—¿Por qué eres tan fría y me tratas con la punta del pie? —se quejó Daniel, fingiendo un tono dolido—. Solo quiero conocerte mejor, nada más.

—Así dicen todos —soltó ella con escepticismo.

Daniel entornó los ojos, analizando su lenguaje corporal.

—Ah, es eso... Ahora comprendo.

—¿Qué comprendes según tú? —preguntó ella, intrigada.

—Seguro un idiota te hizo daño.

La sonrisa de Valeria desapareció por completo y su mirada se volvió seria. Daniel había dado en el clavo sin querer.

—No quiero hablar de eso, no te compete —zanjó ella de inmediato, amagando con dar la vuelta.

Él, demostrando que sabía cuándo frenar, levantó las manos en señal de paz y bajó el tono de voz para sonar más cercano.

—Está bien, no insisto. Pero acéptame el trago. Conozco un lugar bien iluminado y divertido. Te prometo que no te haré daño.

Valeria lo miró fijamente por unos segundos.

Había algo en la persistencia de Daniel que empezaba a parecerle simpático. Suspiró, cediendo un poco.

—Está bien, pero solo un rato.

—Perfecto —sonrió Daniel, saboreando el premio.

El espacio estaba decorado con jarrones repletos de flores frescas que inundaban el aire con un aroma dulce y reconfortante.

—¿Qué es todo esto? —preguntó Amanda en un hilo de voz, con los ojos empañados por la emoción.

—Una celebración —respondió Víctor, dando un paso al frente para rodearle la cintura y pegarla a su cuerpo—. La de abajo fue para compartir la noticia con los demás. Esta es solo para nosotros dos.

Amanda se giró entre sus brazos para quedar frente a él. Con mucha delicadeza, él acunó el rostro de su esposa entre sus manos cálidas, recorriendo sus mejillas con los pulgares.

—Me haces el hombre más feliz del mundo —le susurró él con una voz, cargada de un sentimiento tan profundo que a ella le erizó la piel.

—Y tú a mí, Víctor —admitió ella, perdiéndose en su mirada.

No hicieron falta más palabras. Víctor se inclinó y capturó sus labios en un beso lleno de una pasión profunda que estalló al instante.

Fue un beso profundo, ardiente, donde se entregaron por completo el uno al otro.

Las manos de él bajaron por su espalda, aferrándola con fuerza, mientras ella se enredaba en su cuello, respondiendo con la misma intensidad.

El calor de sus cuerpos encendió el ambiente, haciendo que los problemas del pasado se borraran por completo en ese refugio privado.

Cuando finalmente se separaron apenas unos milímetros, jadeantes y con las respiraciones entrecortadas, Víctor apoyó su frente contra la de ella.

—Prometo cuidar de ustedes siempre —juró él en un susurro, dejando un tierno beso en su mejilla.

—Lo sé, mi amor. Estamos seguras contigo —respondió ella con una sonrisa, entregándose de nuevo a sus brazos.

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