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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 150

La madrugada era un abismo oscuro y silencioso que pesaba sobre los hombros de Víctor. Mientras el resto de la mansión dormía profundamente, él no podía conciliar el sueño.

La angustia le carcomía el pecho, un nudo frío y constante que le impedía respirar con normalidad.

Se levantó de la cama con extremo cuidado para no despertar a Amanda, quien por fin descansaba abrazada a una de las almohadas, y caminó descalzo hasta su estudio privado.

Se sirvió un vaso de whisky puro, aunque no tenía intención de beberlo, y se sentó en el pesado sillón de cuero detrás de su escritorio.

La tenue luz de una lámpara de pie apenas iluminaba su rostro tenso y demacrado. Estaba exhausto, pero su mente no paraba de dar vueltas.

Pensaba en Amanda, en el miedo en sus ojos esa misma tarde, en su bebé en camino y en el pequeño Mattias durmiendo en la habitación de al lado.

Eran su vida entera, su debilidad más grande y, al mismo tiempo, la razón por la que estaba dispuesto a convertirse en el diablo en persona si era necesario.

No permitiría que Alexander Donovan se saliera con la suya.

El silencio absoluto se rompió de golpe.

El zumbido vibrante de su teléfono celular sobre el escritorio de caoba lo hizo salir de su trance. Miró la pantalla brillante.

Era Rodrigo.

Víctor contestó al instante, sabiendo que su jefe de seguridad no llamaría a las tres de la mañana si no tuviera algo grande entre manos.

—Jefe, usted dijo que lo llamara a cualquier hora —habló Rodrigo, con la voz áspera y apresurada del otro lado de la línea, yendo directo al grano—. Atraparon a Tadeo Flores intentando huir del país.

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