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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 153

A la mañana siguiente, el reloj digital de la mesa de noche marcaba exactamente las 10:00 a.m.

El sol tropical entraba con toda su fuerza por la ventana, pero Donovan seguía durmiendo profundamente, agotado por la maratón nocturna.

La mujer estaba en el baño, arreglándose frente al espejo, canturreando una canción de salsa.

De repente, un estruendo brutal sacudió el edificio.

La pesada puerta de roble del penthouse saltó en pedazos tras ser embestida por un ariete táctico.

—¡Policía Nacional de Panamá! ¡Al suelo, todo el mundo al puto suelo! —gritó una docena de voces al unísono.

Botas pesadas y hombres equipados con chalecos antibalas, cascos y fusiles de asalto inundaron la sala en cuestión de segundos.

Alexander abrió los ojos de golpe, desorientado.

Antes de que pudiera siquiera reaccionar o alcanzar el arma que tenía en el cajón, tres oficiales se abalanzaron sobre la cama, arrastrándolo al piso de mármol.

—¡¿Qué demonios es esto?! ¡Suéltenme, no saben con quién se están metiendo! —rugió Alexander, forcejeando mientras sentía el cañón frío de un rifle presionándole la nuca.

Le retorcieron los brazos hacia atrás y el chasquido metálico de las esposas selló sus muñecas. Estaba completamente desnudo, humillado y sometido en su propio supuesto santuario.

En ese momento, la morena salió del baño corriendo, pálida como un papel, intentando meterse la faja de dólares en el escote del vestido que a duras penas se había puesto. Al ver la cantidad de policías, entró en un estado de pánico total.

—¡Ay Dios mío, santísima Virgen! —empezó a gritar ella, con los ojos desorbitados, intentando retroceder hacia la salida—. ¡Señores oficiales, yo no tengo vela en este entierro! ¡A mí me pagaron por una noche, yo soy prepago, yo no conozco a este man de nada!

—¡Quédese quieta y ponga las manos donde pueda verlas! —le gritó un oficial, apuntándole.

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