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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 156

Daniel aprovechó el momento. En lugar de simplemente beber, alzó su mano y envolvió con sus dedos la mano de ella, que sostenía el plástico.

La piel de Valeria se estremeció al instante ante el contacto cálido y firme.

Él dio un sorbo lento sin apartar sus oscuros ojos de los de ella. La distancia entre sus rostros era mínima.

Valeria podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Daniel, y esa tensión vibrante y deliciosa que siempre la dejaba sin defensas volvió a apoderarse de cada rincón de la habitación.

—Gracias, preciosa —susurró él, con la voz ronca bajando un par de octavas.

Valeria tragó saliva, intentando retirar la mano, pero él la sostuvo un segundo más de lo necesario.

—De nada. Y suéltame, que tengo que revisar los correos de la obra —murmuró ella, con una voz que sonó demasiado suave, traicionando su supuesto enojo.

—Ni hablar. Tienes que ir haciéndote a la idea de este nivel de servicio, arquitecta —Daniel se acomodó un poco mejor entre las almohadas, sin borrar esa sonrisa de jodedor—. Porque cuando me den el alta en un par de días, voy a necesitar cuidados intensivos en casa. Y ya decidí que mi recuperación será en tu departamento.

Valeria abrió los ojos de par en par y casi deja caer el vaso vacío.

—¿En mi departamento? ¡Por supuesto que no! Tú tienes tu propio apartamento de soltero, enorme y lleno de tus cosas.

—Mi apartamento es muy solitario, Valeria. Imagínate que me caigo intentando llegar al baño. ¿Quién me va a levantar? ¿Mi gato? —argumentó con un tono de falsa inocencia, llevándose la mano al pecho—. Necesito supervisión veinticuatro siete. Alguien que me cambie los vendajes, me cocine sopita caliente y me arrope por las noches. ¿Te ofreces de voluntaria?

—¡Yo no me he ofrecido para nada! Y no sé hacer sopa —se defendió ella, cruzándose de brazos otra vez, intentando desesperadamente no sonreír ante la imagen de él instalado en su casa.

—Mentira. Tú te mueres por tenerme a tu merced —Daniel le guiñó un ojo, descarado y absolutamente seguro de sí mismo—. Además, no puedes dejarme solo. ¿Qué tal si tengo pesadillas recordando el plomazo? Vas a tener que dormir conmigo para calmarme. Pura necesidad médica.

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