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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 162

Esa misma tarde, el sol comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo de la ciudad de un intenso y brillante color naranja.

Adriana bajó del taxi frente a un imponente edificio de construcción civil.

Llevaba aferrada contra su pecho una elegante carpeta de cuero negro que contenía un documento crucial.

Era un contrato firmado por Amanda.

Últimamente, a la arquitecta estrella la firma Borbón le llovían los contratos por todas partes. Su talento era indiscutible y estaba completamente atiborrada de nuevos proyectos.

Por esa misma razón, no le daba tiempo para hacer los trámites personales, así que Adri fue a llevar el documento hasta las oficinas de la constructora asociada.

Adriana empujó las pesadas puertas giratorias de cristal y entró en el majestuoso vestíbulo de la empresa.

El lugar era un verdadero espectáculo de diseño moderno y opulencia.

Había mármol negro brillante en los pisos, grandes paredes revestidas de madera oscura y un ejército de ejecutivos caminando de un lado a otro con prisa, hablando por teléfono y sosteniendo documentos importantes.

Adriana caminó hasta los ascensores y presionó el botón del último piso con absoluta seguridad.

Ella siempre pisaba fuerte. Era una mujer que no se dejaba impresionar por los lujos de las corporaciones ni por los hombres de corbata.

Al llegar al piso ejecutivo, caminó por un largo pasillo alfombrado hasta llegar a la amplia recepción principal.

Allí estaba la oficina del ingeniero Mendiola.

Adriana se acercó al escritorio de madera fina, pisando con firmeza sobre sus tacones.

Hizo contacto visual directo con la secretaria. Era una mujer rubia, impecablemente vestida y con una actitud bastante estirada.

—Buenas tardes. Vengo de parte de la arquitecta Amanda de Grimaldi —anunció Adriana con voz clara, abriendo su bolso de diseñador para sacar la carpeta de cuero.

Justo cuando iba a extenderle el documento a la recepcionista, la pesada puerta de la oficina principal se abrió de golpe.

Un hombre salió al pasillo.

Adriana se quedó literalmente con la boca abierta. La mano en la que sostenía la carpeta se detuvo en el aire, congelada.

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