Víctor caminó a paso rápido por el pasillo de la gerencia, ignorando las miradas curiosas de un par de empleados.
Al llegar a la oficina de Daniel, abrió la puerta de un trancazo y la cerró tras de sí con fuerza, pasando el seguro para evitar interrupciones.
Melissa estaba sentada al borde del sofá. Al verlo entrar, se puso de pie de un salto, cruzándose de brazos a la defensiva.
—¿Se puede saber quién demonios te autorizó a venir a mi empresa? —soltó Víctor de entrada, con la voz baja pero cargada de ira—. Ya estás llegando demasiado lejos, Melissa. Este es mi lugar de trabajo y no voy a permitir escándalos.
—Víctor, no entiendo qué está pasando contigo y con nosotros —reclamó ella, ignorando el regaño y dando un paso al frente—. Ya no me llamas en todo el día, no estás pendiente del niño, y mucho menos te quedas a dormir en el apartamento como lo hacías antes. Me tienes completamente abandonada.
Víctor prensó la quijada. Verla ahí, metida en su empresa, terminó de romper cualquier rastro de paciencia que le quedara.
—Melissa, ya que cometiste la tremenda imprudencia de presentarte aquí, voy a ser totalmente franco contigo. —Avanzó hasta quedar a un metro de ella, mirándola con despego—. No quiero seguir en esta relación. Esto se acabó.
Melissa parpadeó. Sintió que el piso desaparecía bajo sus zapatos.
—¿Que se acabó? —repitió, con un hilo de voz—. ¿Así nada más? ¿Me despides como a una empleada?
—Sabías perfectamente desde el día uno que yo era un hombre casado.
—¡Un hombre casado que me juró que haría una vida conmigo! —le gritó ella, perdiendo los estribos y alzando la voz—. ¡Por eso te parí un hijo, Víctor! ¡Me hiciste creer que lo nuestro iba en serio!
—Pues me equivoqué. Fui un idiota y me dejé llevar. Pero no hagas esto más difícil de lo que ya es. Simplemente... ya no te quiero.
El silencio llenó la oficina por unos segundos. Melissa lo miró fijamente y su rostro se transformó. El asombro le borró el enojo al instante.
—Eso no es posible... —murmuró.
El pánico atroz y opresivo, le subió por la garganta. Su mente voló directo a Jake.
El hombre le estaba respirando en la nuca, exigiéndole dinero, amenazando con destruir su vida perfecta.
Si Víctor la botaba ahora, si le cortaba el acceso libre a su chequera, estaba literalmente muerta.
Se acercó desesperada y le agarró las solapas del saco.
—¡No se trata solo de plata, Víctor!
—De mi parte, no vas a recibir nada más que eso, Melissa —sentenció él, feroz y directo—. Tendrás tu mensualidad depositada puntualmente. Pagaré la colegiatura, el seguro y todo lo del niño. Nada les va a faltar para vivir bien.
—Víctor, mírame... —sollozó ella, arrastrando la poca dignidad que le quedaba, aterrada por la sombra de Jake—. Hago lo que me pidas. Podemos empezar de cero. ¡No me puedes tirar a la basura!
—No sigas suplicando, por favor. Es patético.
La palabra la golpeó como una cachetada. Melissa se quedó petrificada, con las manos temblando en el aire.
—No voy a cambiar de opinión —continuó él, acomodándose la chaqueta del traje con total calma—. Te vas a ir al apartamento ahora mismo y te vas a calmar. La semana que viene, mis abogados se pondrán en contacto contigo para arreglar todo el tema legal, las visitas y la manutención.
Caminó hacia la puerta y la abrió de par en par.
—Pero aquí, en mi empresa, no te quiero volver a ver nunca más. ¿Quedó claro?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...