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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 37

El chofer estacionó frente a la Corporación Grimaldi y Amanda se bajó del carro llamando la atención de todos.

Llevaba puesto un traje muy elegante y unos tacones altos que la hacían ver súper segura de sí misma.

Apenas entró al lobby, los empleados empezaron a saludarla casi con sorpresa. Ya no era la esposa que pasaba desapercibida; ahora se hacía notar.

—Buen día, señora Grimaldi.

Ella regaló una sonrisa elegante y caminó directo al ascensor privado.

Llevaba una carpeta bajo el brazo, pues necesitaba con urgencia la firma de Víctor para unos trámites legales de la fundación.

Mientras subía, su mente no paraba de dar vueltas. Desde la cena de hace unos días y ese roce accidental de labios que casi la vuelve loca, se habían visto poco.

Sin embargo, Víctor no había dejado de marcar territorio.

Había estado pendiente de ella, enviándole mensajes sutiles y, la tarde anterior, le hizo llegar una pulsera de diamantes bellísima.

Ese cambio radical la emocionaba, pero se obligaba a mantener los pies en la tierra. Sabía que su esposo era experto en arruinar las cosas en un abrir y cerrar de ojos.

Al llegar al piso de la presidencia, el silencio lujoso del pasillo la recibió. Casi enseguida se topó con Manuel, uno de los directivos más antiguos de la empresa.

—¿Cómo estás, Amanda? Qué gusto verte por aquí.

—Muy bien, Manuel, gracias. ¿Por casualidad has visto a Víctor? —preguntó ella.

—Sí, lo acabo de ver entrar a la oficina de Daniel. Está ahí dentro.

—Gracias, entonces voy directo para allá.

Mientras sus tacones resonaban en el pasillo, la mente de Amanda viajó inevitablemente a Carlos. Lo extrañaba.

Y no era solo por el sexo explosivo, sino porque en esa cama de hotel había encontrado a alguien que la escuchaba de verdad, alguien que no la juzgaba.

Pero no podía llamarlo. Estaba demasiado confundida con la nueva actitud de su esposo como para volver a enredarse con su amante.

***

Al mismo tiempo, dentro de la oficina de Daniel, la tensión estaba a punto de reventar.

Melissa cerró la puerta de nuevo, negándose a aceptar la derrota. Su vida, y sobre todo su cabeza, dependían de Víctor.

—Melissa, lárgate ya mismo o llamo a seguridad para que te saquen a rastras —le advirtió Víctor, con un tono cortante y cargado de antipatía.

Pero ella cambió la estrategia de golpe. Si las lágrimas no funcionaban, usaría el arma que mejor sabía manejar: su cuerpo.

—Sabes muy bien que esto lo podemos resolver de otra manera —ronroneó, acercándose a él con pasos lentos, jugando con la coquetería y seducción—. Te deseo, Víctor. Deseo sentir todo tu cuerpo sobre el mío, como antes. Extraño tus besos...

Víctor la miró con extrañeza.

El rostro de Amanda se transformó. Un dolor agudo y profundo le atravesó el pecho, quitándole el aire y derrumbando su mundo en fracciones de segundo.

—¡Amanda! —gritó Víctor, pálido como un muerto. Empujó a Melissa con tanta fuerza que la mujer resbaló y cayó sentada en el suelo—. ¡No es lo que parece! ¡Por favor, te lo puedo explicar!

Melissa sonrió desde el piso. Sin molestarse siquiera en cubrirse, clavó sus ojos en Amanda.

—Vaya, qué oportuna, señora Grimaldi. Llegó justo cuando Víctor y yo íbamos a empezar con lo que mejor sabemos hacer.

—¡Cierra la maldita boca, Melissa! —bramó Víctor, desesperado, dando un paso hacia el frente—. Amanda, tienes que creerme... ella se me lanzó encima, te lo juro.

Pero Amanda ya estaba retrocediendo hacia el pasillo, negando lentamente con la cabeza. Sus ojos se llenaron de lágrimas de pura decepción y rabia.

—No te me acerques —murmuró, levantando una mano para frenarlo cuando él intentó dar otro paso.

—Amanda, escúchame, te juro por mi vida que no es lo que parece.

Ella no podía escuchar ni una sola mentira más.

El teatrito del esposo enamorado se había caído a pedazos frente a sus ojos. Dio media vuelta y salió corriendo a toda prisa por el pasillo.

—¡Amanda! —gritó él, dejando todo atrás y saliendo a toda velocidad tras ella.

Subiré cinco capítulos hoy: 1/5

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