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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 39

Jake estaba recostado en el sofá de cuero negro de la oficina VIP, en el segundo piso de su nuevo club nocturno en California.

Aún no abrían las puertas al público, pero desde ahí arriba ya se sentía la vibración en el piso por las pruebas de sonido.

El lugar olía a pintura fresca, licor caro y a la humedad típica de la vida nocturna.

Le dio un trago largo a su vaso de whisky, saboreando el líquido ámbar, con la mente fija en un solo objetivo.

En ese momento, la pesada puerta de madera se abrió.

Entró Mario, su mano derecha y el tipo que le manejaba los negocios, deteniéndose a un par de pasos del escritorio. Se aclaró la garganta discretamente para llamar su atención.

—Jake —llamó Mario, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta—. Ya revisé el nuevo lote. ¿Por fin bajaste a ver a las chicas que llegaron para el turno de la noche?

Jake soltó un bufido, apoyando el vaso en la mesa de cristal con un golpe seco.

—Sí, las vi. Ninguna sirve para sacarle billete grande. Ninguna tiene esa chispa. Ninguna es como Melissa. —Jake levantó la mirada, y una sonrisa torcida, se le dibujó en la cara—. Y adivina qué, Mario. La encontré.

Mario abrió los ojos de par en par, perdiendo por un segundo esa postura de tipo frío.

—Por fin la encontraste... ¿No me estás jodiendo?

—Así es, Mario, no te estoy jodiendo para nada. Di con ella yo mismo —confirmó Jake, poniéndose de pie. Caminó despacio hacia el ventanal que daba a la pista de baile vacía—. Y no tienes una maldita idea de lo intenso que fue nuestro reencuentro. La química sigue intacta. Esa mujer es dinamita pura.

—Me imagino la escena.

—Tres hijos de puta años sin verla, Mario. Tres años. Y te juro que está más hermosa que nunca —continuó Jake, pasándose una mano por el cabello castaño, recordando la fricción, los jadeos y la piel sudada de Melissa contra la pared del apartamento—. Sigue siendo una mujer joven, con una piel perfecta y con un culo que alborota a cualquiera que se le cruce. El dinero le sentó de maravilla, la refinó.

Capítulo 39. La encontré. 1

Capítulo 39. La encontré. 2

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