Esa mañana, Amanda se sentía como una mujer nueva.
Se miró al espejo por última vez, ajustándose la chaqueta de su traje sastre color crema que le sentaba de maravilla.
No era solo la ropa; era la seguridad que le brillaba en los ojos.
Por fin, después de semanas de incertidumbre y de ver cómo sus ahorros se esfumaban, iba a firmar el contrato que pondría su firma de arquitectos en el mapa de California.
Llegó a las oficinas de Alfredo Reyes puntual, con Adriana pisándole los talones y cargando la tablet con los últimos ajustes de los bocetos preliminares.
—Recuerda, Amanda —le susurró Adriana mientras subían en el ascensor—, cabeza fría. Es un contrato millonario, no dejes que la emoción te gane.
—Lo sé, Adri. He nacido para esto —respondió Amanda con una sonrisa llena de confianza.
Amanda no se imaginaba que Víctor estaba justo detrás de la pared, en la oficina de al lado.
Sentado con un whisky a media mañana y los nervios de punta, la observaba por las cámaras.
Necesitaba estar ahí, escondido en las sombras, solo para verla y escuchar su voz.
Alfredo Reyes recibió a las chicas con cortesía.
—Arquitecta, qué gusto verla de nuevo. Por favor, tomen asiento.
Amanda se sentó, cruzando las piernas con elegancia.
Al otro lado de la pared, Víctor apretó los dientes al verla en el monitor.
Estaba hermosa, demasiado hermosa, y esa seguridad que proyectaba le recordaba exactamente por qué se había vuelto loco por ella desde que resurgió como una mujer nueva.
—He revisado las cláusulas que enviaron anoche —comenzó Amanda, yendo directo al grano—. Estamos de acuerdo con los tiempos de entrega y los honorarios. Mi firma está lista para empezar la primera fase el próximo lunes.
—Me parece excelente —respondió Alfredo, deslizando el fajo de papeles sobre el escritorio—. Aquí tiene el contrato final. Una vez firmado, el primer depósito se hará efectivo en menos de una hora.
Amanda tomó la pluma, sintiendo el peso de la responsabilidad, pero también una satisfacción que le recorría la espina dorsal.
Justo cuando iba a plasmar su firma, la secretaria de Alfredo interrumpió, entrando con un paquete enorme y una tarjeta plateada.
—Disculpe, señor Reyes, pero acaban de traer esto para la arquitecta Amanda. Dijeron que era urgente y que debía entregarse aquí mismo.
Amanda frunció el ceño, confundida, mientras Alfredo le permitía pasar.
Era una caja de madera que, al abrirse, reveló una pluma de edición limitada bañada en oro blanco y un ramo de orquídeas exóticas que desprendían un aroma embriagador.
Amanda tomó la tarjeta y la leyó en voz alta, sin pensar.
"Para que firmes el primer gran éxito de muchos. Sabía que lo lograrías antes que nadie. Te veo esta noche para celebrar como te mereces. —Alexander Donovan."

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...