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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 73

Tiempo después…

Alexander Donovan sentía que las venas del cuello le iban a explotar.

Estaba solo en su oficina, pero el silencio del lugar solo hacía que sus propios gritos resonaran con más fuerza.

Paseaba de un lado a otro, con el teléfono pegado a la oreja y la cara desencajada por la rabia.

La jugada que tanto había planeado se le había devuelto como un búmeran, dándole justo en los dientes.

—¡Alexander, cálmate de una vez! —la voz de Roberto al otro lado de la línea sonaba agotado—. Te lo advertí, te dije que Víctor Grimaldi es un lince. El tipo es demasiado astuto para caer en una trampa tan evidente.

—¡Me importa un carajo qué clase de animal sea ese hombre! —rugió Alexander, golpeando su escritorio con el puño—. ¡Lo quiero destruido! ¡Lo quiero en la calle pidiendo limosna! Y tú me aseguraste que este golpe lo iba a dejar temblando.

—Ya para, por Dios. Acepta que perdimos de una buena vez —respondió Roberto, tratando de mantener la cordura—. Víctor no está solo. Cuenta con un equipo de primera que reaccionó antes de que termináramos de lanzar los rumores. Fernando Echaiz es, posiblemente, el mejor abogado del país; ese hombre no deja un cabo suelto. Y Daniel Iturbe es un economista que piensa tres pasos delante de cualquiera. Te dije que no la tenías fácil, Alexander. Te metiste en la cueva del lobo y saliste mordido.

Alexander soltó una carcajada amarga, llena de ira.

—¡Me sabe a m*erda si tengo a los mejores frente a mí! Pero eso no significa que me vaya a rendir. Yo voy a joder a este tipo, cueste lo que cueste.

Hubo un silencio largo del otro lado. Roberto suspiró, con ese tono de quien ya no sabe cómo hablarle a un loco.

—Te estás obsesionando con algo que no es tuyo, Alexander... Te estás obsesionando con Amanda. Y eso te está nublando el juicio. Estás mezclando los negocios con tus ganas de acostarte con la mujer de Grimaldi, y eso siempre termina mal.

—Amanda será mía —espetó Alexander, con una voz gélida que daba escalofríos—. Grimaldi no se la merece. Él no sabe lo que tiene.

—Por favor, Alex... Con tantas mujeres hermosas que tienes a tus pies, modelos, actrices, herederas... ¿y te tenías que empecinar precisamente en la señora Grimaldi? Es buscarse problemas gratis.

Se acercó a un pequeño mueble auxiliar donde guardaba sus puros y empezó a juguetear con un cortapuros de plata, descargando su ansiedad en el objeto metálico.

Capítulo 73. Mala jugada. 1

Capítulo 73. Mala jugada. 2

Capítulo 73. Mala jugada. 3

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