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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 99

Amanda abrió primero los ojos. La luz dorada del amanecer se colaba por las rendijas de las pesadas cortinas de la habitación y le caía directamente en la cara, despertándola con suavidad.

Estaba completamente desnuda, envuelta en el desorden de las sábanas de seda, y sentía el cuerpo deliciosamente pesado, con ese rico cansancio que solo deja una noche de pasión desenfrenada.

Víctor seguía durmiendo profundamente a su lado, respirando con calma, con su brazo cruzado sobre la cintura de ella, como si temiera que se fuera a escapar.

Amanda sonrió, moviéndose con cuidado para no despertarlo. Se estiró un poco como un gato perezoso, pero al hacerlo, Víctor se removió a su lado.

Abrió un ojo despacio, parpadeando contra la luz, y enseguida la acercó más a su pecho con un bufido mañanero.

De pronto, la mirada de Víctor se enfocó en el brazo desnudo de Amanda.

Frunció el ceño, levantando la mano para trazar con la yema del pulgar una pequeña marca morada que resaltaba en su piel blanca.

—Amanda… perdona si se me fue un poco la mano anoche —murmuró Víctor, con la voz todavía rasposa por el sueño, luciendo sinceramente arrepentido al ver el ligero moretón.

Amanda soltó una risita suave y se acomodó mejor contra él, dándole un beso corto en la mandíbula.

—Gajes del oficio —musitó ella, serena y con una sonrisa pícara—. No te preocupes, Víctor. Yo te pedí que no me trataras como si fuera de vidrio, ¿te acuerdas?

Él soltó una carcajada, relajándose de inmediato. Se quedaron un rato así, abrazados bajo las sábanas, recordando entre susurros y caricias todo lo que habían hecho la noche anterior.

Hablaron del bebé, de cómo Amanda se había enterado, y Víctor no paraba de posar su mano sobre el vientre aún plano de su esposa, mirándola con un afecto que le derretía el corazón.

Todo era perfecto. Era su burbuja, su momento de paz.

Hasta que el sonido vibrante de un celular sobre la mesa de noche rompió la magia.

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