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La Genio Anónima: Mi Esposo Firmó el Divorcio Sin Saber Quién Soy romance Capítulo 89

Una semana después, el proyecto conjunto entró en su fase final. La colaboración, aunque tensa, había sido exitosa.

Para celebrar la culminación, Alejandro Alcázar decidió organizar una cena.

—Quiero invitar a todo tu equipo, David —le dijo por teléfono, su tono era inusualmente conciliador—. Y al de Valeria también. Para limar asperezas y celebrar el logro.

David Romero estaba a punto de negarse rotundamente. La idea de sentarse a la misma mesa que Valeria Campos y su séquito le revolvía el estómago.

Miró a Camila, que estaba en su oficina. Ella se encogió de hombros.

—Es trabajo, David. A veces hay que ser diplomático.

A regañadientes, David aceptó.

Esa noche, se reunieron en un restaurante privado y exclusivo. La atmósfera era forzadamente cordial.

Alejandro actuaba como el anfitrión perfecto, moviéndose entre las mesas, asegurándose de que todos estuvieran cómodos.

Valeria, a su lado, sonreía y reía, desempeñando el papel de primera dama con una gracia consumada.

Camila y David se mantuvieron en su rincón, platicando en voz baja con sus ingenieros, manteniendo una distancia prudente.

La cena terminó sin incidentes. Cuando los equipos comenzaron a dispersarse, Alejandro se acercó a su mesa.

—David, Camila. Gracias por venir. Y por su excelente trabajo.

Fue la primera vez en meses que pronunciaba su nombre con algo que no fuera desdén.

Salieron del restaurante y se dirigieron al estacionamiento subterráneo. El aire frío y el olor a concreto reemplazaron el bullicio del restaurante.

Camila y David caminaban unos pasos por delante, dirigiéndose a su auto.

Detrás de ellos, Alejandro y Valeria se reían de algo.

De repente, de las sombras entre dos pilares de concreto, una figura se abalanzó.

Con una fuerza y una rapidez que nadie hubiera esperado, empujó a Alejandro con ambas manos, lanzándolo fuera de la trayectoria del cuchillo.

—¡Ale, cuidado!

El cuerpo de Alejandro se estrelló contra el costado de un auto, a salvo.

Pero ella, al empujarlo, quedó directamente en el camino del atacante.

No hubo tiempo para gritar.

El cuchillo se hundió en su hombro con un sonido sordo y húmedo.

Valeria se quedó inmóvil por un segundo, sus ojos se abrieron de par en par por el shock. Una mancha oscura comenzó a extenderse rápidamente por la tela de su elegante vestido.

Luego, se desplomó en el suelo de concreto.

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