—Pero tengo una condición.
—¿Una condición?
Isabella se miró el pecho, ahora bien cubierto. «No será que él…».
Pero no podía ser, si su… problema se lo impedía.
Aunque eso no significaba que no tuviera intenciones.
—Mi condición es que esta noche no pruebes ni una gota de alcohol.
Isabella parpadeó. ¿Que no bebiera? ¿Qué clase de condición era esa?
Pero antes de que pudiera preguntar, Ignacio llamó a Jairo y se lo llevó.
—Qué tipo tan raro —murmuró Isabella, para luego dirigirse de nuevo al salón.
Apenas entró, se topó con Emilio. Intercambiaron un par de palabras y se dirigieron juntos hacia un área de descanso.
Otilia, que había estado buscando a Isabella, los vio entrar y sus ojos brillaron de emoción. Corrió a contárselo a Diana y a Gabriel, quienes reaccionaron con furia.
—Esa Isabella, ¡qué descaro! ¿No ve dónde estamos? Y delante de nuestras narices, ¡ya anda de coqueta con otro hombre! —exclamó Diana, indignada.
Gabriel, con el rostro ensombrecido, se dirigió a grandes zancadas hacia allá.
—Hijo, tienes que calmarte. Si ella no tiene vergüenza, ¡nosotros sí debemos cuidar nuestra reputación!
—Gabriel, tu madre tiene razón. Además, todavía tenemos que colaborar con Grupo Domínguez. ¡No podemos armar un escándalo!
Diana intentaba calmar a Gabriel de verdad, pero Otilia solo fingía. En el fondo, deseaba que Gabriel humillara a Isabella en público para que rompieran de una vez por todas.
Pero Gabriel no escuchaba a nadie. La ira había consumido su razón y ahora solo tenía un objetivo: encontrar a Isabella con su amante y humillarlos salvajemente.
Llegó a la puerta de la sala de descanso y, al oír risas dentro, su furia se desató. Pateó la puerta y entró de golpe.
—¡Zorra, tú…!
Pero al ver la escena, se quedó helado.
—Gabriel, ¿qué demonios te pasa?
Isabella, que se había llevado un susto, le gritó furiosa al verlo.
—Señor Ibáñez, ¿qué significa esto? —preguntó Emilio, completamente confundido.
La señora López, sentada junto a Emilio, estaba aún más perpleja.
—Señorita Quintero, ¿este hombre es…?
Isabella soltó un bufido.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...