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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 67

Una vez decidida, Otilia se llenó de confianza.

—Bella, ¿no te duele el corazón al mentirnos de esta manera?

Al oírla, Diana también vio una oportunidad. Torció la boca y bufó:

—No somos tontos, ¡no es tan fácil engañarnos!

Luego, le dio un codazo a Gabriel.

—¿Acaso le crees?

Gabriel clavó la mirada en Isabella, esperando una explicación.

Pero ella simplemente tomó su copa, hizo girar el vino tinto y no mostró ninguna intención de explicarse.

Al ver su actitud, Gabriel apretó los dientes.

—Isabella, ¿lo que hubo entre nosotros no vale ni siquiera una explicación?

Isabella soltó una risa burlona.

—La verdad es que no.

—¡Así que de verdad me engañaste!

—Un momento, señor Ibáñez. Al acusar a la señorita Quintero de infidelidad, también me está acusando a mí. No sé cuál sea la postura de la señorita Quintero, ¡pero yo no lo voy a permitir! —intervino Emilio, con el ceño fruncido.

—Señor López, quizás fue un momento de debilidad. Entendemos que estas cosas pasan entre hombres —dijo Otilia, intentando confirmar la infidelidad de Isabella para que Gabriel rompiera con ella, pero sin ofender a Emilio, ya que el proyecto con Grupo Domínguez debía continuar.

—Sí, seguro fue esta zorra la que lo sedujo a usted, señor López. Así que en realidad usted no tiene nada que ver —añadió Diana, pensando rápido.

De repente, alguien soltó una carcajada. Era la señora López.

—Ustedes, cuando inventan un chisme, ¿lo hacen con los ojos cerrados? ¿Tienen miedo de que si los abren se encuentren con la verdad?

—¿Y usted quién es para meterse? ¡Esto no es asunto suyo! —le espetó Otilia.

—¿Que quién soy? —La señora López volvió a reír—. Otilia, de verdad que tienes memoria de teflón. ¿Ni siquiera te acuerdas de mí?

—Pensé en invitarte, pero como estabas tan ocupada con el diseño, no quise molestarte. No sabía que tú también irías al hotel y te tomarías la molestia de sacar tantas fotos.

Cada palabra de Isabella era otra bofetada para Otilia, cuyo rostro estaba tan rojo que parecía a punto de sangrar.

—¿Por qué tenías que visitarla de noche? No nos culpes por malinterpretar las cosas —intentó justificarse Diana para salvar las apariencias.

—Es verdad, tenía mucha prisa —dijo Isabella, chasqueando la lengua—. Luna ha estado trabajando en el extranjero estos últimos años y acaba de ganar el Premio Pritzker de Arquitectura. Su agenda está muy apretada y temía que si esperaba más, ya no tendría la oportunidad de verla.

—¡Bah! ¿Tan importante era?

—Originalmente, sí. Quería pedirle que revisara el diseño de Grupo Triunfo para ver dónde estaba el problema, pero…

Al oír esto, los ojos de Diana brillaron.

—Entonces… le agradeceríamos mucho su ayuda, señora Ibáñez.

***

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