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Obligada A Amarte romance Capítulo 11

Richard

Lleno de rabia regreso a mi oficina cerrando de un portazo, no siento más que lástima por Claudia, pero eso de igual manera me revienta que pretendan menospreciarla en mi cara, les guste o no al mundo entero, ella es mi esposa y sin importar las circunstancias voy a defender su nombre de quien sea, y no es solo por quedar bien delante de las personas porque muy poco me importa lo que los demás piensen de mí, sin embargo, el concepto que ella tenga de mi sí que me importa y mucho.

Aun así, lejos de eso, siento que ella nunca ha tenido a alguien que la defienda, la veo tan frágil a pesar de lo combatiente que muestra ser, no voy a negar que su manera de llamarme "troglodita" me causa gracia e interés en ella. Sé que hace un momento dije que me mantendría alejado de ella, pero ahora que lo pienso mejor quizás pueda acercarme a ella e intentar que esta farsa de matrimonio se haga realidad.

Muchas cosas en las que pensar y poca cordura para hacerlo con raciocinio. Lo mejor es que vaya a ver cómo están las cosas por el hospital, igual ya se me quitaron las ganas de trabajar o mejor dicho no tengo cabeza para nada más que no sea mi bella y terca esposa, aunque un poco tonta por no pensar antes de actuar.

—Richard —entra Andrea—. No debiste haberte comportado de esa forma delante de todos, eres uno de los abogados más reconocidos del país y esto puede perjudicar tu reputación si se filtra en la prensa —alega manteniendo toda mi atención.

—¿Qué más da? Los reporteros tienen familia a la que mantener, me da igual lo que suceda —digo y me encojo de hombros.

—Desde ayer estás explosivo, y me parece que la señora Mobasseri tiene mucho que ver en eso —dice con tacto—. Creo que al fin llegó la mujer que necesitabas a ti vida —comenta.

—Nada más me preocupa, su salud es todo, de resto me parece una mujer insensata que no razona ni tiene instinto de autoconservación —argumento ignorando la mirada persistente de mi asistente.

—Estás cautivado y no te quieres dar cuenta por qué te aferras a seguir amando el recuerdo de una mujer que nunca te amo realmente —dice tocando una cuerda sensible. Sale disparada de la oficina sin esperar a que estalle y la echa a patadas a la calle también.

Me quedo parado en medio de la estancia bufando, siento que voto humo por los oídos, Andrea tiene un tacto peculiar para decir las cosas que normalmente sale a relieve cuando cree que el momento lo amerita, de resto es muy profesional en lo que hace. Por ella ahora me siento más confundido que antes, si es que cabe la descripción, no había pensado en ese término para describir la impresión que Claudia O'brian creo en mí desde el primer momento.

Cuando entre en su habitación y vi esa espalda de perfecta piel descubierta, el deseo por verla por completa me hizo estremecer, el color rojo de su vestido no le hacía justicia a la belleza de su rostro, las maravillas del mundo sentirían envidia de ella al estar en su presencia. Cautivado, sí, mi esposa me tiene cautivado mientras en ella el odio por mí es evidente.

Sin ganas de seguir sumido en mis pensamientos, término por tomar mis cosas y salir de la oficina para ir a ver cómo sigue mi esposa y si ya puedo llevarla a casa, cosa que dudo. Al salir todos me observan como conteniendo la respiración, Andrea en su escritorio me mira disimulando una sonrisa, sabe perfectamente que me ha dado mucho en que pensar, ignoro cada una de las reacciones que se generan en torno a lo que sucedió hace solo unos minutos y salgo con dirección a mi auto. De camino revivo en mi mente las expresiones de mi abuela, pensar que de tener una vida solitaria ahora cuento con una esposa muerta, una nueva que está prácticamente obligada a estar conmigo y a una abuela que todavía tiene que asegurarse de que realmente soy el nieto que creyó muerto.

Al llegar al hospital me dirijo de inmediato al cuarto que ocupa mi esposa para verificar si ya ha despertado y por mucho que me desagrade la presencia del doctor es a este a quien me encuentro conversando con ella.

—Entonces ¿Es como nos ha dicho su esposo y él no tuvo nada que ver con el estado en el que está? —escucho que pregunta el doctor.

—Sí, es exactamente lo que sucedió. Tuvimos una pequeña discusión y yo salí de la casa sin pensar con claridad, cuando me di cuenta ya había avanzado mucho y como no conozco la propiedad me perdí, por suerte él se percató de mi ausencia y salió a buscarme —contesta Claudia justo cuando entro.

—Cariño —susurra sonrojada—. El doctor no se cansa de preguntar lo mismo, ya le he respondido de mil maneras distintas que tú serías incapaz de hacerme daño y él sigue sin entender —se queja extendiendo su mano para que me acerque.

—Como representante legal amor, solo te puedo decir que es lo normal en estos casos, es su trabajo, si se notan señales de abuso doméstico él debe dar parte a las autoridades —digo sintiendo una corriente eléctrica al estrechar su mano.

—No me importa un carajo si es o no su trabajo, dile que ya dejé de molestarme con lo mismo, estoy segura de lo que he dicho y de ningún modo harán que yo piense lo contrario —es una perfecta actriz, hasta a mí me engañaría de no saber la verdad.

—Por favor —le señaló la puerta al doctor para que nos deje a solas —. La señora Clara debería estar aquí contigo —digo al tiempo que el doctor pronuncia unas últimas palabras y se retira.

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