Richard
Me cuesta creer que lo que está pasando sea real, hace cinco minutos todo estaba bien, Claudia sonreía aunque mantenía sus reservas, pero me estaba dejando entrar en su corazón y eso era más que suficiente. En cambio, ahora todo se va al demonio ¿Por qué no seguí mi instinto? Sabía que algo no cuadraba en la muerte de Hannah, y ahora no solo pierdo a Claudia, sino que ya no siquiera es mi esposa.
—Richard, amor, dile a este hombre que me deje en paz —pide refiriéndose a mi amigo que no le permite dar un paso más adentro.
—Fernando, por favor, ve con Claudia, cuida que esté bien, llévala a dónde te pida y si es al fin del mundo no repares en gastos —pido mientras muero por dentro.
Asiente y sale detrás de la mujer que acaba de salir llevándose consigo todos mis deseos de vivir.
—Señora Clara, que nadie me moleste —pido antes de mirarla a ella—, acompáñame —ordeno.
Camino ayudado del basto con Hannah detrás de mí, su actitud desafiante no me sorprende, más, sin embargo, hay algo en ese cuento de que estuvo secuestrada, que no cuadra. Nunca en toda mi carrera vi a una víctima de secuestro comportarse de ese modo, siempre suelen ser temeroso, intimidados hasta con su sombra, las secuelas son bastante traumáticas, en cambio, ella se enfrentó a Claudia y a Fernando con demasiada determinación. La hago pasar y cierro la puerta, antes de dirigirme a mi asiento detrás del escritorio, ella se queda parada en medio esperando que le indique que hacer
—Toma asiento, necesito que me cuentes lo que sucedió y como regresaste —formulo con la misma actitud que si estuviese en un juzgado.
Reparo en su vestimenta mientras se acerca y toma asiento, está vestida decentemente, aunque a juzgar por su antiguo guardarropa que sigue estando en mi habitación, no lleva nada que cueste más de uno cuántos dólares a diferencia de los bolsos y vestidos de dos mil dólares que acostumbraba.
—No recuerdo muchas cosas en realidad, pero de ti, siempre recordé tu nombre y fue hasta hace unos meses que pude recordar quién soy, pero estaba encerrada y encadenada —empieza al tiempo que las lágrimas se le saltan de los ojos—. Quizás sientas asco de mí cuando sepas todo, pero te juro que yo no quería, nunca quise alejarme de ti —balbucea.
—Eso solo lo determinaré yo, ahora por favor dime por qué fingiste tu muerte —insisto.
—Yo no fingí nada, no planifique nada de lo que piensas. Yo fui tan víctima como tú, o quizás lo fui más, tú no tuviste que soportar, que te violaran cada día distintos hombres ni que te obligarán a hacer las cosas que yo he hecho por mantenerme viva —respira profundo cuando siente que se ahoga—. Volver contigo, fue lo que me mantuvo con fuerza, fuiste mi esperanza por todo esté tiempo —alega.
—Todavía no me dices cómo llegaste a ese lugar, ¿Qué sucedió luego del accidente? —pregunto acelerando las cosas.
—¿Qué accidente? Yo nunca he tenido un accidente, o al menos no lo recuerdo, lo único que sé es que un cliente molesto conmigo por no complacerlo del todo me golpeó hasta que creyó que estaba muerta, entonces pago para que nadie se entera, nada más, que no estaba muerta solo inconsciente, pase muchos días recuperándome de la paliza y aun no estando curada del todo me pusieron a trabajar de nuevo —dice desconcertándome del todo.
—¿Y cómo llegaste hasta aquí? —pregunto.
—Me escapé de aquel lugar inmundo apenas pude, corrí hasta que mis pies no pudieron más y caí en medio del camino, cansada, hambrienta y sedienta, unas personas me socorrieron y me ayudaron a ocultar mientras recuperaba fuerzas para continuar, ellos me dieron ropa porque yo había escapado sin nada, desnuda como normalmente me mantenían en ese antro, pero era pasar el resto de mi vida allí o escapar ignorando mi desnudez también me dieron dinero, pero hace poco saliste en los periódicos así fue como me enteré de tu accidente y de dónde vivías y también de tu nueva esposa —murmura lo último.
—¿Cómo se llaman las personas que te ayudaron? ¿Y dónde está ubicado ese sitio en el que estuviste? —cuestiono.
—¿Te interesa saber esos detalles más que saber sobre mí, sobre cómo me siento? —devuelve.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obligada A Amarte