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Obligada A Amarte romance Capítulo 28

Hannah

Richard está muy equivocado si de verdad piensa que me iré de su vida tan fácilmente, he venido por su dinero y hasta que no lo tenga no lo dejaré en paz, además creo que me agrada ser su esposa, tengo mucho más permaneciendo a su lado que solo robándole lo que puedo y desapareciendo de nuevo. Puedo darme la vida de lujos y comodidades que tanto me encantan sin temor a que el dinero se acabe en algún momento. Sin embargo, hice mal en acercarme de esa manera tan brusca, no entiendo por qué olvide mi papel de víctima y claro, mi querido esposo es un excelente abogado, sabía que no se iba a tragar el cuento del secuestro, ahora lo único que puedo hacer es montar todo el escenario que describí.

Necesito ayuda para hacer que mi mentira se vuelva una verdad y por mucho que me desagrade la idea tendré que recurrir a mi antiguo socio, le encanta el dinero y si sabe que hay mucho de por medio no se negara, aunque quizás tenga algunas cosas que cobrarme, en fin me guste o no, él es mi única salvación en este momento, sé que cuenta con la gente necesaria para hacer que funcione y no le importa sacrificar a nadie siempre y cuando le quede una buena ganancia, nada más tendré que dejarle claro que no volveré a trabajar para él cómo prostituta, no pienso volver a esa vida miserable.

Me coloco una peluca de cabello negro y lentes para el sol igual de oscuros antes de salir a la calle, me subo al auto que alquile para movilizarme en esta ciudad, en un par de días llegaran mis cosas, y podré devolver este vehículo no quiero que mi nombre figure en ninguna transacción legal, Richard podría buscar información sobre mi paradero entonces todo saldrá a la luz, aunque muchas veces me asegure de utilizar otra identidad, sin embargo, eso no me asegura ningún éxito. Conduzco tratando de recordar el camino, pero fue hace tanto tiempo que termino por equivocar las calles en diferentes ocasiones hasta que al fin creo ir en la dirección correcta.

Todo se me hace más familiar, trayendo a mi mente recuerdos que siempre he querido olvidar, recuerdos que siguen sin decirme quien soy realmente, no recuerdo mucho sobre mi infancia, desde siempre estuve rodeada de hombres, mujeres y droga, mi primer trabajo fue a los trece años, era una niña solamente, pero fue lo que me tocó vivir y si no hubiese conocido a Richard nunca habría podido pagar para que me dejaran ir.

Quizás muchas personas piensen que soy una maldita desagradecida, aunque realmente mi esposo no sabe que me saco de una vida tan deprimente, pero la verdad es que desde siempre he querido poder decidir por mí, poder disfrutar de la vida sin tener que atarme a ningún hombre y supongo que casarme fue la gota que derramo el vaso, yo solo quería dinero y libertad con Richard únicamente obtuve el dinero la libertad tenía que labrarla con mis propias manos. John fue muy estúpido al creer que de verdad huiría con él, no fue más que una estrategia en la que me libre de dos pájaros de un tiro, deje viudo a mi esposo y mi amante se fue a descansar en paz.

Después de un largo camino llego al local, bajo del auto y miro a todos lados esperando no ver a nadie que me esté siguiendo, por suerte todo parece estar bien con la seguridad que el dinero da, me encamino al interior del antro encontrando un ambiente oscuro cruzado por diversas luces de colores que deja ver entre sus destellos figuras de personas bailando y bebiendo mientras que otro grupo se comen a besos en los asientos, formando una orgía espeluznante. Varias chicas suben las escaleras que dan a las habitaciones seguidas de dos hombres, supongo que dejaran muy buena ganancia.

—¡Oye, linda! ¿Cuánto cobras? —pregunta uno de los tipos cuando paso cerca de él.

—Púdrete, nunca podrías pagar lo que valgo —señalo con desprecio.

—¿Qué tan caro puede ser una puta de tu tipo? Vamos, te he dicho que te quiero a ti —bufa tomándome del cabello.

Sin que se dé cuenta de mis movimientos, saco un arma de mi bolso y con tranquilidad coloco el cañón debajo de su mentón al tiempo que le sonrío en burla.

—¿Estás seguro de que me quieres a mí? Yo que tú meditaría mejor sobre mis deseos —susurro sintiendo el calor de su respiración sobre mi cara.

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