Hannah
Nunca voy a permitir que ese imbécil se divorcie de mí, no importa cuanto tenga que fingirme demente siempre y cuando este aquí a su lado, gastando todo el dinero que me dé la gana. Sé perfectamente que su interés en que de nuevo este viva legalmente, al menos ha demostrado que con mi supuesta muerte no se pretendía defraudar o cometer algún acto lícito, bueno, en realidad únicamente quería estar lo más lejos que me fuera posible de él y vivir mi vida como se me viniese en gana, pero las circunstancias me obligaron a volver.
Si no fuese porque esa tipeja se le metió por los ojos, todo hubiese sido más fácil para mí, ya lo tendría comiendo de la palma de mi mano haciendo mi santa voluntad como en el pasado, quizás tarde mucho en volver, sin embargo, ella no es ningún obstáculo para mí, tengo que encontrar la manera de poder salir sin que nadie se dé cuenta no puedo dejarla viva, además dicen por ahí que un hombre que sufre es mucho más vulnerable. Además, también me intriga saber quién es su familia, su parecido conmigo es increíble, he sabido de casos donde dos personas totalmente desconocidas se parecen rasgo a rasgo, pero en ella hay algo más, algo que me atrae.
De pronto siento que la conozco, aunque puede es una total locura, desde que tengo uso de razón, siempre me he visto rodeada de drogas, hombres y putas, ese es mi mundo y está más que claro que ella no conoce nada sobre eso, por encima se le ve que viene de buena familia, inocente e ingenua aunque sabe sacar las uñas cuando le conviene. Ella es la única que puede lograr que Richard me dé la espalda sin importar cuanto haga por mantenerlo a mi lado, está enamorado de esa y él es un hombre que se deja guiar por los estúpidos sentimientos.
Stuart
Es toda una joyita la tal Hannah, mira que vivir una vida de derroche con dinero robado durante tres años mientras la creían muerta, supo mover muy bien sus piezas. Todo lo que hemos encontrado son las fuertes sumas de dinero depositado en una cuenta bancaria a su nombre, pero eso no es todo, el dinero salió de las cuentas del muñequito de torta y paso por distintas cuentas dividiéndose tantas veces que hasta el más hábil hacker podría perder la pista, pero como yo no soy el más hábil, sino el mejor de todos, he descubierto el patrón y seguido las direcciones.
Es muy astuta, realizar transferencia de montos pequeños a compañías fantasmas que a su vez se traspasaban a otras cuentas, aumentando el monto en cada movimiento hasta que las sumas se hacen considerables y llegan a una única cuenta.
—¿Has encontrado algo más? —pregunta Maxwell.
—Tengo varias direcciones IP, pero no he podido investigar más de ninguna, porque están puestas en la red a propósito, son troyanos y tengo que irme con cuidado, si cometo un solo error voy a perder todo lo que he encontrado, este tipo de virus solo necesita que se le toque un poco nada más para entrar y destruir todo sin dejar rastro de nada, el servidor se haría inútil y mucha de la información que poseemos con respecto a todos nuestros trabajos se perderían en menos de un segundo —explico.
—Ya sabemos que esa mujer sabe lo que hace, pero supongo que ella no conoce de lo que tú eres capaz y confío en que seas mucho mejor —señala.
—En eso estoy, hay muchos códigos encriptados, pero ten por seguro que en cuanto descubra la fuente me infiltraré en el sistema y tendremos todo lo que requerimos —aseguro—. Por otra parte, toma esa carpeta de allí y revisa la información, son todos los lugares en los que ella ha estado durante su muerte, las personas con las que ha tratado, además, encontré algo un poco más perturbador sobre su pasado —formulo mostrando la carpeta sobre el escritorio.
—Sí que se ha dado la vida con el dinero que no es suyo, ¿Cómo fue que el idiota de Mobasseri no se dio cuenta del desfalco? —cuestiona leyendo la información.

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