Andrea
Voy camino a recoger a Richard, sé por qué me ha llamado y también conozco los motivos para ir con él, solo yo poseo la información sobre el parentesco entre Hannah y Claudia, todavía no sé cómo le hizo Stuart para encontrar las muestras, yo únicamente tuve que encargarme de retirar los resultados, pero no es a mí a quien le corresponde abrirlos aunque Stuart o Maxwell de todos modos lo hubiesen abierto, con el propósito de conocer el lazo que las une.
A pesar de que tienen muchas características que avalan en un porcentaje alto la posibilidad de que si sean familia, a mí aún me cuesta asimilarlo, entenderlo o creerlo, no cabe duda de que la genética es caprichosa. Estoy más o menos a unos diez metros de distancia del edificio y puedo ver con claridad el pequeño bolso de Richard, sin embargo, él no se ve por ningún lado al contrario, a medida que me acerco puedo ver que hubo una especie de pelea, hay una mancha de sangre y unos casquillos en el suelo.
No me quiero imaginar lo peor, pero no puedo pensar otra cosa que no sea que también ha sido secuestrado, pero con qué intención, se supone que tenía que ser con quien se comunicaran para ver la manera de liberar a Claudia, a menos, que no exista una liberación, sino una condena de muerte para los dos. Tomo las cosas que encuentro en el piso bajo la mirada del portero del edificio, que me explica a grandes rasgos lo que ya me he imaginado sobre lo que sucedió, le pido que o comente nada con la policía que supongo ya ha llamado y le doy una versión que será la que les dará, y le entrego el efectivo que traigo conmigo prometiendo que si se queda callado recibirá más cuando el señor Mobasseri regrese.
Subo al auto para dirigirme a toda velocidad hacia el aeropuerto, en el camino me comunico con el señor Fernando para comunicarle lo que ha sucedido, luego de un sinfín de maldiciones de nuevo me presta atención y me indica que me quede y que vaya con la señora Montero junto a toda la seguridad de Richard y cuide de que no le suceda nada, es posible que vayan por ella también, Hannah es una mujer que está desquiciada y no mide sus acciones, cegada por el deseo de poder y dinero.
Cambio de dirección y luego de colgar la llamada marco el número de Darwin para informarle sobre la situación, le pido que vaya a la mansión de la señora Montero y se organice con la seguridad de ella para establecer un mejor punto de vigilancia y protección en torno a ella, quedamos de vernos allí para explicarle con mayor detalle todo lo que sucede, aunque él ya conoce parte de la situación. En realidad no hay mucho que él pueda hacer, no tiene la habilidad y la pericia que los amigos del señor Fernando, su mundo se rige por este tipo de situaciones peligrosas, por lo que supongo esto es algo más del quehacer diario para ellos, definitivamente yo no podría vivir una vida sujeta a estas cosas, dormir cada noche con un arma bajo la almohada o caminar con el temor de que en cualquier momento puedan usarme como medio para hacerle daño a Stuart, no, no puedo.
—Señorita Andrea, bienvenida —me saluda el custodio de la entrada, correspondo con amabilidad y avanzo hacia el interior de la propia luego de informar que los custodios de Richard vienen en camino.
Avanzo hasta la entrada principal y detengo el auto, bajo y enseguida subo las escaleras para llamar a la puerta, me es abierta al cabo de unos segundos, soy dirigida al salón en donde me piden esperar a que la señora baje para atenderme. La señora Montero se da demasiada antesala, se comporta como si fuese la reina de Inglaterra, aunque yo he sido quien entro en su castillo sin previa cita, sin embargo, las circunstancias me obligan a tener que venir, confieso que no me cae muy bien, su actitud es algo estirada aunque de corazón noble además, sé que tiene interés en que Claudia esté con su nieto.
—¡Oh, pero si es la asistente de mi nieto! —exclama bajando cuál emperatriz.
—Señora Montero, tengo nombre y es Andrea, le suplico que me trate con respeto, así como yo lo hago con usted —aclaro con actitud seria.
—Admiro tus agallas, no cualquier empleado me habla de esa manera, sin importar cuanto tiempo tenga a mi servicio o si gocen de cierta confianza —expresa dibujando una fina línea con sus labios.
—Lamento informarle, que yo no pertenezco a su nómina —replico altanera—. Si me permite, mi presencia se debe a un asunto de mucha más importancia —informo cambiando totalmente el tema.
—Te escucho, querida —me agrada el cambio que experimenta el tono de su voz, ya no es hostil ni de superioridad, excelente, al toro se le toma por los cuernos.

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