Claudia
Hace ya más de un mes que hemos salido del hospital, Richard se recupera maravillosamente y aunque tiene que esperar alrededor de un año para poder someterse a una cirugía reconstructiva, ha tomado todo con el mejor ánimo. Ahora estamos juntos y no creo que exista nada que pueda separarnos, por el momento seguimos en casa de sus amigos, él ha decidido cerrar la firma y dedicarse a los negocios de su abuela, con eso le dio un duro golpe a uno de sus empleados o socio, en realidad no sé qué era el tal Sandino de Richard y tampoco me interesa, es una persona despreciable que le estaba robando por debajo de la mesa además de intentar hacer que Richard Mobasseri perdiera su reputación como un abogado intachable.
Solo por eso siento repugnancia de ese ser indolente y sinvergüenza que no sabe cómo agradecer las bendiciones de la vida. En realidad ni siquiera sé por qué pienso en estas cosas, quizás se deba al malestar que siento en el estómago, es como si lo tuviera en el aire, estoy así desde ayer, después de que nos dijeran a Richard y a mí que hoy nos tienen que contar algo muy importante y que es necesario que tomemos una decisión luego de escuchar todo lo que nos dirán. Preferiría no tener que enterarme de nada, pero todos insisten en que yo más que nadie debe de saber la verdad, con respecto a que, no sé, pero tengo que saberlo.
—Hermosa, ¿Estas listas? Los chicos esperan por nosotros —pregunta Richard haciendo que levante la mirada hacia él.
A decir verdad, no logro ver el defecto ni la deformidad, para mí sigue siento tan guapo y hermoso como desde el primer momento en que lo vi, aunque en ese momento desee odiarlo con todas mis fuerzas, ver en él a un enemigo, pero la verdad es que desde ese instante me cautivo.
—Sí, aunque la verdad no deseo saber qué es eso que es tan importante —confieso en medio de un suspiro.
—Yo tampoco quiero, pero creo que si eso que nos quieren contar significa un problema para nuestro futuro juntos, es mejor que actuemos ahora, que tenemos todas las ventajas del mundo —concreta con toda la razón.
—Está bien, creo que tienes razón —exhalo con pesar.
Salimos de mi cuarto y bajamos a la sala donde nos esperan, sin embargo, nos detenemos al pie de la escalera al ver a todos los esposos de mis amigas allí y dos personas más que no conozco, pero supongo que son conocidos también de todos. Richard saluda a los desconocidos, no con la misma familiaridad que a los demás, pero al menos dando a entender que los conoce desde hace mucho tiempo.
—¿Sucede algo? —interrogo porque no me explico la presencia de estos dos nuevos hombres.
—Claudia, ellos son los que le dirán todo lo que sobre todo tú, necesitas saber —contesta Fer.
—No estoy entendiendo nada.
—Tenemos que llevarlos a otro lugar, para poderles explicar —comenta uno de los tipos llamando mi atención—. Soy Maxwell y él es Stuart, fuimos quienes los sacaron de donde Hannah los tenía —trago saliva tratando de deshacer el nudo que se me forma en la garganta al escuchar ese nombre, ya no quiero saber nada más de ella, quiero que desaparezca de mi vida de una vez por todas.
Las chicas me contaron parte de lo que sucedió, pero sin mayores detalles, puesto que según ellas sus esposos prefirieron mantenerlas alejadas del peligro y en un lugar seguro y para ser sincera desde que salimos del hospital he preferido no pensar en ese mal episodio de mi vida, recordar lo que nos sucedió mientras estuvimos atrapados solo trae dolor a mi vida. Creo que lo mejor es que me niegue, no quiero tener que involucrarme de nuevo con esa mujer, no soy una persona de guardar rencores y aunque no la odio tampoco puedo perdonarle lo que nos hizo a Richard y a mí.

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