Claudia
Isabella siempre tiene las palabras correctas para decir, pero como le hago entender a mi corazón que hay mucha posibilidad de que sea cierto lo que ellos aseguran, después de todo somos muy parecidas físicamente, el carácter de ella es igual a cuando era niña. Supongo que prefiero seguir pensando que ella está muerta y no que se ha convertido en un ser tan despreciable sin escrúpulos de ningún tipo.
—Tienes que escuchar todo lo que Stuart y Maxwell tienen que decir, confía en ellos, siempre hacen lo correcto y jamás te mentirían en algo tan delicado —incita.
—No quiero, no quiero oírles, decir que tengo a lo peor del mundo por hermana, no quiero saber nada de lo que ha hecho en toda su vida, aunque no puedo negar que me causa curiosidad, saber cómo es que no está muerta cuando siempre me han culpado por su perdida —susurro.
—Entonces ven abajo y ve con ellos, no solo tienen que contárselos a ti y a Richard, ella también estará presente y al igual que tú ignora el hecho de que las une la sangre —informa y me doy cuenta de que estoy enamorada del hombre que una vez estuvo casado con mi hermana.
No puedo continuar con él, entiendo que no sabíamos nada, pero ahora todo cambia entre los dos.
—Richard, fue el esposo de ella —digo conteniendo el llanto.
—Tú no sabías que ella era tu hermana, tú no decidiste amarlo, todos son inocentes, al menos en esto, no es un pecado que te hayas enamorado de un hombre que dejo de amar a otra cuando al igual que tú la creyó muerta, en diferentes épocas y distintas épocas, pero al fin y al cabo cargaron culpas sobre sus hombros por la misma persona —señala al tiempo que me toma de las mejillas y me hace mirarla a los ojos.
—¿Por qué todo tiene que ser así? ¿Por qué simplemente no me enamore de alguien más? Una persona sencilla, sin tantas complicaciones en su vida —me quejo.
—Por qué así hubiese sido el mismísimo Papa, de igual maneras habrías tenido que superar los obstáculos que se te cruzaran en el camino, el amor es así, complicado, con sobre saltos, con miles de giros, pero al final la fuerza de ese amor y la determinación con la que se unen para enfrentarse a todo es lo que lo hace invencible, los amores fáciles duran muy poco, porque nunca han tenido que pelear para poder sobrevivir y se aburren de la monotonía en la que sus vidas se convierten —plantea sin dejar de mirarme y poniendo tanta fuerza y energía en cada palabra.
—Me gustaría tener tu fuerza y determinación, pero la verdad me siento cansada, soy débil y quizás estúpida —digo—. Pero supongo que en esa debilidad es donde encontraré la fortaleza que necesito para continuar y sí, tienes razón los tres somos inocentes de esta telaraña que tejió el destino —o quizás las manos de mis padres pienso para mis adentro esto último.
—Entonces ponte de pie y ve por lo que es tuyo, descubre de una vez por todas cuantas trampas les puso la vida y enfrenta a los verdaderos culpables de todo esto —Me ofrece su mano y me ayuda a levantar del suelo.

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