Claudia
Inspiro con fuerza llenando mis pulmones de todo el oxígeno que me es posible antes de cruzar el umbral de la puerta abierta delante de mí, sé que no tendré contacto directo con ella, sin embargo, saber que puede verme y escucharme produce en mi interior el más profundo terror, las imágenes de las horas de suplicio que nos hizo vivir se presentan en mi mente en secuencia creando una película de terror en mi imaginación.
—Claudia, entra. Todo estará bien —incentiva Richard.
Lo miro por un segundo con la duda en los ojos y me doy cuenta de que para él también es difícil tener que enfrentarla, aunque estemos separados por una pared, en algún momento él estuvo enamorado de ella y fue lo más importante en su vida, convencida de que todo saldrá bien y que podremos superar este nuevo episodio de nuestras vidas al fin entro evitando en todo momento mirar hacia donde sé que se encuentra ella.
—Pero qué hermosa visita la que se presenta hoy, imagino que has venido a reírte en mi cara porque te saliste con la tuya, maldita perra usurpadora —brama Hannah, obligándome a levantar la mirada por primera vez hacia ella.
Creí que estaría en un estado deplorable, que su ánimo se habría deteriorado por el tiempo que la han tenido encerrada en este sitio, pero al contrario de todo lo que imagine, luce tan sínica y desafiante como siempre, el odio es el maquillaje de sus facciones, su mirada trastornada con el resentimiento demuestra toda la frustración que su alma siente por no haber podido conseguir sus objetivos.
—Quisiera decirte que tienes razón, sin embargo, me siento orgullosa de afirmar con toda seguridad de que tú y yo no somos iguales a pesar de llevar la misma sangre corriendo por nuestras venas —rebato tratando de que mi voz suene firme y segura.
—¿Qué es lo que quieres decir con eso? ¡Explícate, porque no comprendo eso de que tenemos la misma sangre corriendo por nuestras venas, tú y yo no podemos ser nada! —chilla pegándose al vidrio.
—No es tan difícil de entender que tú y yo somos familia —digo acercándome al vidrio—, somos hermanas, el maldito destino decidió que a las dos nos uniera más que un simple vínculo de odio y ambición —mascullo sintiendo el escozor de mis ojos de nuevo, pero me niego a sucumbir a las lágrimas en este momento, no puedo demostrarme débil delante de ella.
Se aleja dando pasos hacia atrás, como si le costara comprender lo que le acabo de decir o quizás negándose a creer que sea cierto tal como yo lo hice minutos atrás y a decir verdad, sigo teniendo mis reservas con respecto a ese hecho. Los engranajes no me terminan de cuadrar a la perfección, pero comprendo que yo era muy pequeña como para tener una mejor comprensión de la situación que se suscitó en ese momento, sabiendo que mis padres fueron capaces de venderme para mantener su estatus social, estoy segura de que han sido capaces de las peores atrocidades por no conocer la miseria nunca en sus malditas vidas.
—Si me permiten damas, me gustaría aclararles muchas de sus dudas, en este momento —interviene Stuart.
—A mí sí me interesa saber cómo es que nuestras vidas se han entrelazado de esta manera y como es que la hermana muerta de Claudia resulto ser mi recién resucitada exesposa —contesta Richard.
—¡Yo no he firmado el divorcio, tú y yo seguimos siendo marido y mujer! —grita demente Hannah al escuchar el término ex.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obligada A Amarte