Claudia
Todos tenían razón con respecto a Hannah, las personas como ella no cambian quizás muy dentro de mí lo sabía, pero preferí engañarme a mí misma pensando que con ayuda ella podría llegar a ser una mejor persona y si esto es una falsa ¿Y si es un montaje elaborado por ellos? Después de todo, Maxwell y Stuart son expertos con las computadoras, pero todo se ve tan real, tan auténtico.
—Claudia ¿Estás bien?
—¿Qué tienes? ¿Te sucede algo?
Las palabras resuenan en mi mente, pero no logro comprender su significado, de pronto me falta el aire, siento que no puedo respirar y me ahogo, alguien me ayuda a tomar asiento mientras trata de que me calme pidiendo que controle la respiración, pero es tan cruel y humillante darme cuenta de que todavía con las pruebas en las manos una parte de mí sigue deseando creerle porque de verdad sintió ese vínculo que nunca ha existido entre las dos.
—Toma un poco de agua —dice Richard y me coloca el vaso en los labios—, un sorbo, no te apresures —susurra cálidamente.
Veo sin mirar cómo todos salen del despacho dejándonos a solas por sugerencia de una de las chicas, poco a poco y en calma retomo el control de mis respiraciones a medida que me tranquilizo. Todavía no logro entender que mierdas tengo en la cabeza, porque estoy segura de que no es un cerebro lo que tengo allí, me deje engañar con una facilidad sorprendente y claro ella se supo aprovechar de lo imbécil que soy.
—No te culpes, ella fue quien se aprovechó de tu bondad y compasión, el que te haya manipulado como lo hizo no te hace menor ni inferior a nadie, pero si te demuestra que en el mundo no todo es como deseamos y que la desconfianza y ser precavido no te hace mala persona —dice adivinando el rumbo de mis pensamientos—. Es ahora cuando realmente puedes hacer algo por detenerla, te necesitamos para que a otras mujeres no les suceda lo mismo, no les pudran el corazón o peor aún les quiten la vida por placer —niego con la cabeza porque de verdad me siento incapaz de mantenerme a su lado sabiendo que mi vida está en riesgo, aunque tal vez las estúpidas, ingenuas e ilusas como yo debería de dejar de existir también en este mundo.—. Claro que puedes, yo sé que puedes devolverle la jugada y demostrarle que no eres la mujer débil que ella piensa que eres, estoy seguro de que dentro de ti hay una fuerza volcánica deseando hacer erupción y tal vez este sea el momento correcto, ayudarnos a detenerla es lo correcto —su discurso conmovedor me hace darme cuenta de que ellos esperan más de mí de lo que en realidad puedo dar, no soy una mujer fuerte, no soy valiente y por lo visto tampoco soy inteligente, no me creo capaz de lograr nada de lo que dice, soy solo la imbécil que se deja engañar con facilidad.
—No puedo hacerlo, no puedo fingir que sigo de su parte cuando claramente estoy consciente de que ella busca es clavarme el puñal por la espalda, es que ni quiera, la quiero aquí, quiero que se largue muy lejos —subrayo mirándolo a los ojos.
Richard se mantiene agachado frente a mí sin apartar sus hermosos ojos de los míos, en tan poco meses las cosas han cambiado tanto en la vida de ambos, conocernos fue el detonante incorrecto, yo nunca tuve que ir a parar a sus manos y él nunca tuvo que haber pagado por mí. Es que ni siquiera tuve que permitir que entre los dos se formara nada, tuve que haber detenido la ola de sentimientos que crecía a cada instante, pero la verdad es que ni siquiera me di cuenta cuando pase del desprecio al amor, cuando deje de sentirme obligada a amarlo, a amarlo con cada fibra de mi ser.
—Claro que puedes, eres una mujer fuerte y además no estarás sola, yo nunca te dejaría a merced de ella, antes muerto que enviarte a la cueva del lobo sin tener la plena seguridad de que estarás en perfectas condiciones —de alguna manera sus palabras me llenan de fuerza y seguridad, pero sigo dudando de que pueda seguir comportándome de la misma manera con ella.
—Está bien, lo haré, pero promete que tú y yo estaremos bien —le pido.

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