Richard
Me estremezco internamente al escuchar cómo Claudia se enfrenta a sus amigas por defender a Hannah a pesar de que sé que está fingiendo, me aterra la idea de permitir que se vaya con ella, pero entiendo que es necesario para terminar con todo esto, porque no es solo ella, son tantas las víctimas que día a día tienen que pasar por el suplicio de ser sometidas con violencia, tantas jóvenes y niñas que desaparecen a diario o que simplemente son vendidas como en el caso de ambas hermanas con la diferencia que una sola de ellas corrió con la suerte de ser comprada por alguien que no la lastimaría, que nunca sería capaz de cometer una bajeza de ese tipo en contra de ella o de ninguna otra mujer.
Sin necesidad de que sus labios se curven puedo notar la sonrisa de victoria en Hannah, su mirada de superioridad la delata al igual que la expresión que se refleja en su rostro, por más que trate de disimular el placer que siente al presenciar como Claudia le da la espalda a las chicas es indescriptible. Juro que estoy reuniendo todo el coraje que me es necesario para evitar estrangularla con mis propias manos, sin embargo, tengo que hacer algo para detener la discusión antes de que todo se salga de control.
—¡Basta! —digo alzando la voz por sobre todos los presentes—. Si Claudia se quiere ir junto a la escoria que tiene por hermana, yo no lo voy a impedir y les exijo a cada uno que ya no trate de hacerla entrar en razón, no hay peor ciego que el que no quiere ver y si ella es feliz engañándose a sí misma, entonces que le aproveche —proclamo con el miedo y la duda atenazándome la garganta mientras camino acercándome a mi mujer—. Espero que no sea tarde cuando te des cuenta de que clase de porquería es en realidad —el sonido seco de una bofetada corta el aire silenciando hasta la respiración de cada uno.
—Nunca más, óyeme muy bien, nunca más vuelvas a hablar de esa forma sobre mi hermana porque no se dé lo que sería capaz si vuelves a ofenderla —dice contenida y con los ojos cristalizados.
—Estás en mi casa, y aquí yo hablo como se me pegue la real gana, puedo insultar y decir lo que quiera de quien quiera y tú no eres nada ni nadie para prohibirme nada —el nudo de mi garganta me baja hasta el corazón y me lo oprime dolorosamente a medida que me enfrento a la mujer que amo de esta manera, pero Hannah tiene que creer que cada palabra, cada frase es real—. Me tienes harto con tus niñerías, tus miedos y tus malditas ganas de salvar lo insalvable de este mundo —La tomo del brazo ejerciendo algo de fuerza, la suficiente solo para arrancarle un quejido y llevarla hasta el ascensor en medio de la protesta de todos los presentes que me exigen que me calme, pero es ahora o es nunca.
Hannah camina igualando el paso que impongo golpeándome débilmente para que la suelte, sabe cómo fingir y tener engañada a Claudia, lástima que esta vez ya no hay caretas que oculten su engaño ni una ingenua que le crea sus palabras. Estoy seguro de que esta vez Claudia se mantendrá alerta y no caerá tan fácilmente en la tela de araña que ha tejido a su alrededor esta mujer.
—Déjame, tengo que ir por mis cosas —chilla Claudia cuando la lanzo al interior del elevador.
—Yo te adquirí sin nada y así mismo te largas ahora, no es eso lo que quieres, entonces persigue tu sueño, pero del mismo modo en el que llegaste a mi vida sin nada —determino.
—Eres un maldito desgraciado —exclama Hannah antes de que la empuje también adentro y ordene que la saquen del edificio.
Me quedo fijo mirando los ojos de Claudia que no se apartan de los míos hasta que las puertas del elevador se cierran cortando el contacto mutuo, caído de rodillas maldiciendo todo lo que acaba de suceder mientras la rabia, la ira y la impotencia de no poder protegerla amenazan con llevarme a la muerte si le llega a suceder algo por ponerla en esta situación, golpeo con fuerza el piso de madera hasta que los nudillos me sangran mientras el corazón se me desgarra de dolor, no sé por qué siento muy dentro de mí que no la volveré a ver con vida nunca más.
Escucho cuando una de las chicas les pide a las otras que la acompañen a la cocina y con ellas se van todos los demás menos Fernando que se queda a mi lado en espera de que yo termine de desquitar con el piso toda la frustración que siento, todos tienen que saber qué es lo que viene para que podamos asegurar la vida de mi Claudia, no podré vivir sin ella a mi lado. Entiendo que no quieren que las mujeres se enteren para que no haya errores, pero yo no seré de mucha ayuda cuando mis únicos conocimientos se basan en las leyes, es necesario que los demás se enteren también de lo que está sucediendo y el porqué del comportamiento de Claudia.
—No te diré que entiendo cómo te sientes, porque no es verdad, cada quien siente las cosas de manera distinta a pesar de vivir situaciones similares, pero si debo decir que no actuaste de la manera correcta, no tenías por qué haber tratado de ese modo a Claudia ni mucho menos dejársela en bandeja de plata —dice cuando me he quedado en completo silencio y sin reacción alguna.

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