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Obligada A Amarte romance Capítulo 79

Gustavo O’brian

El plan de la mocosa esa es algo estúpido, matar a su propia hermana únicamente porque le quito al hombre, como si no hubiera más en el mundo, hasta yo podrá hacerle el favor porque bastante buena sí que está la muy maldita, pero debo de reconocer que esta es la oportunidad que tengo de volver a tener todo lo que el maldito de Richard Mobasseri me quito, sin embargo, si pienso volver a esa vida pomposa y de lujos que tanto me gusta es necesario que lo haga sin lastre a cuesta, es hora de que quede viudo.

Después de todo mi querida esposita me ha generado más perdidas que ganancias, ni siquiera puedo pensar en venderla porque nadie me daría ni un céntimo por una vieja rellena de silicona y bótox como ella, ya ha perdido todo el encanto que en su juventud me volvía despertaba el deseo de follarmela a cada instante.

—¿En qué piensas querido? —pregunta al salir del baño envuelta en una de esas batas de sedas que ya no la hacen lucir atractiva, pero quizás no sea mala idea disfrutar de sus mieles antes de que me deshaga de ella, morirá satisfecha por lo menos.

—En esa supuesta hija nuestra, la verdad se parece mucho a ti, a cuando te conocí —contesto, fijándome que es cierto, la única diferencia es que Hannah posee ambiciones, en cambio, mi esposa solo desea dinero para gastar en fruslerías.

—Dicen por ahí que la fruta es mucho más suculenta cuando está madura —dice coqueta al tiempo que se sube a la cama a gatas y se cierne sobre mí.

—Y es cierto, la fruta madura, es mucho más dulce y apetecible al paladar —concedo, pero no puedo negar que una fruta nueva tiene un gusto mucho más suculento.

—Sé cuáles son tus gustos, querido, y sé muy bien que adoras la manera en la que te hago el amor —declara tomando con una de sus manos la flacidez de mi anatomía.

Siseo sintiendo el masaje que empieza a prodigarme a la vez que su lengua se pasea por la punta carnosa esparciendo las gotas de humedad que empiezan a aparecer, cada vez se pone más dura entre su mano y cuando la tiene a punto la mete en su boca y succiona con fuerza como queriendo sacarme el alma por el pequeño orificio. Por un momento me olvido de mis pensamientos y aplazo para la mañana siguiente el cambio de mi estado civil, no puedo negarme el placer de sucumbir ante los deseos de la carne y menos cuando perfectamente estoy consciente de que mi mujer nunca me ha dejado insatisfecho.

Coloco ambas manos alrededor de su cabeza y la sostengo, para luego mover mis caderas imponiendo el ritmo de las estocadas dentro de su boca, siento sus manos a ambos lados de mi cuerpo mientras ella relaja el de ella y se deja hacer por mí todo cuanto esté a mi alcance, cuando quede viudo voy a extrañar estos momentos de total desinhibición de su parte, pero su muerte es justa y necesaria, ella es como el ancla que me ata a la miseria.

La noche se hizo larga durante la entrega, no se puede quejar, le di la mejor de las despedidas antes de que le diga adiós a este mundo, no tengo modo de hacer que muera sin dolor ni agonía, ni modo tendrá que rodar por las escaleras espero que se muera antes de llegar a la planta baja, no me gustaría tener que verla agonizar o peor que se salve entonces tener que recurrir a mis manos. Me estiro en la cama y dejo escapar un sonoro bostezo de hombre complacido que provoca que ella se remueva y abra los ojos.

—Buenos días —saluda y me da un beso.

—Buenos días, disculpa que te haya despertado —espero que no me note extraño en mi comportamiento.

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