Claudia
Trato de convencerme de que lo que estoy haciendo es lo mejor, pero la verdad es que me cuesta mucho fingir que sigo creyendo en su arrepentimiento, algo dentro de mí se quebró al darme cuenta de que soy una mujer débil que necesita que la estén salvando a cada instante, ya no quiero ser la misma ingenua y manipulable de siempre, necesito aprender a ser fuerte y decida, saber cómo ocultar mis emociones y ser yo quien controle las situaciones a mi alrededor, sin embargo, siento un miedo aún peor, temo perderme en el proceso.
No logro entender cómo puedo lograr ese cambio sin dejar de ser yo, no puedo evitar compararme con Hannah, ella es tan fuerte y segura de lo que quiere, aunque esté en el camino equivocado, sabe defender su posición y sin importar que tenga todo en contra no se intimida ni sale huyendo, en cambio, yo lo único que sé hacer es llorar como una imbécil mientras ruego que alguien llegue a rescatarme. Ya no deseo ser esa mujer débil nunca más, no sé si pueda mantener el engaño por muchos días, pero juro por mí, por ese deseo que tengo de cambiar, que voy a poner todo de mi parte para que ella no se dé cuenta, no importa cuán desagradable me sea estar a su lado y fingir que continúo siendo su marioneta.
Por ahora tengo un respiro de su presencia, se excusó diciendo que se sentía cansada y se encerró en una de las habitaciones luego de indicarme cuál podía usar, es extraño que habiendo perdido todo según ella tenga este departamento y el auto que se encuentra en el estacionamiento. Me pregunto cómo habrá hecho para que durante el tiempo que estuvo casada con Richard él nunca se diera cuenta de todo esto. Solo han pasado un par de horas desde que hemos llegado, la noche empieza a caer y me siento hambrienta, decido bajar ir a la cocina, pero para mi mala suerte no hay ningún tipo de alimento, ¿Esta mujer vive del aire?
—Imagino que tienes hambre y por eso estás aquí —dice detrás de mí, me estremezco ligeramente.
El aura que desprende es tan pesada, tan llena de maldad que me hace sentir como si una montaña me estuviese aplastando sin contemplación hasta asfixiarme por completo.
—Sí, pero ya me di cuenta de que aquí no hay ni una lata de atún —me encojo de hombros restándole importancia.
—No te preocupes, pedí pizza para celebrar que al fin no habrá nadie que me esté juzgando a cada rato y que tú y yo seremos la familia que necesitamos ser —proclama demostrando lo feliz que se siente por estar aquí.
—Por supuesto, eso es lo que más anhelo, que podamos ser las hermanas que no pudimos ser por culpa de nuestros padres —digo tratando de sonar tan feliz como ella, pero la verdad es que las palabras me salen rasposas y lastiman mi garganta.
—Te prometo que pronto dejara de doler —me paralizo momentáneamente al escuchar sus palabras, pero me recompongo enseguida.
—Nunca dejará de doler, pero te prometo que ni en mil años cambiaria mi decisión, eres mi hermana y siempre estarás primero en mi vida —se me revuelve el estómago de solo escucharme decir eso.
—Agradezco al universo que tú hayas sido mi hermana, y que tengas el corazón tan noble y hermoso, gracias por ver en mí lo que hasta yo dudo tener —no sé por qué, pero sus palabras me suenan como a una confesión a viva voz,

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