Hannah
Me aprovecho de que la estúpida de Claudia debe de estarse muriendo de arrepentimiento por haber herido mis sentimientos, para salir sin que se dé cuenta, necesito comprarme un arma para poder asesinarla y también necesito algo de sexo, mi cuerpo ha estado en abstinencia por muchos días y ya empieza a resentirse conmigo por no darle lo que le gusta. Cuento los segundos uno a uno que falta para que Frank venga por mí y me lleve con él, no me importa lo que haga conmigo siempre y cuando me aleje de todos los que desean verme muerta.
Claudia es muy estúpida si piensa que de verdad Richard y sus amigos quieren enviarme a prisión, ellos no son de ese tipo de personas que perdonan tan fácilmente, al igual yo, prefieren arrancar de raíz el problema y exterminarlo de una vez por todas. Tengo que irme con cuidado, porque es más que obvio que no me dejaran actuar libremente, en algún punto ellos darán con nuestra ubicación y entonces nos mantendrán vigiladas, pero será muy tarde cuando intenten hacer algo para salvar a la princesita.
Llego a mi destino, uno de esos lugares en los que por una buena paga se consigue lo que sea, a esta hora de la noche ya pululan en las esquinas escondiéndose de las patrullas que cada cierto tiempo pasan haciendo su ronda como si de verdad les importara lo que sucede. Siempre he pensado que la policía es tan débil como corrupta, cuantas veces no tuve que complacer yo misma los deseo insanos de alguno de sus miembros. Camino con seguridad sin dejar de estar alerta en todo momento, hasta acercarme a un pequeño grupo en el que luego de un pequeño reconocimiento en el que entendemos que todos somos parte de la misma calaña, se ofrecen a darme la información que necesito.
Agradezco con unos pocos dólares el servicio ofrecido y continúo siguiendo las indicaciones que me dieron, según un tipo al que le dicen Teddy me puede ayudar en lo que necesito, un apodo bastante ridículo para alguien que se dedica a los negocios ilícitos.
—Alguien me dijo que me estás buscando —volteo la mirada hacia el callejón oscuro en el que no puedo ver la silueta de quien me habla, pero puedo sentir su presencia.
—¿Eres Teddy? —pregunto.
—Depende —replica a la defensiva, al parecer sabe cómo usar las palabras.
—¿De qué? —cuestiono con una sonrisa en los labios que le indica que yo no me ando con juegos de ningún tipo.
—Para que lo busques —contesta dejando sentir la sonrisa oculta en sus palabras.
—Te aseguro que para nada malo, al menos no para ti —me acerco despacio cuidando mis pasos a medida que me interno en el oscuro callejón.
—Te aseguro que tú corres mucho más peligro que yo, estás en mi territorio y aquí mando yo —bufa.
—Entonces estoy hablando con la persona correcta —comento estando frente a él.
No puedo distinguir del todo su rostro a pesar de que estoy a un par de pasos de distancia de él, el aura que desprende es tan imponente y poderosa que me hace recordar viejos tiempos, los días en los que esperar atada a la pared se volvía un suplicio cuando las horas pasaban y él no llegaba. Pero este sujeto no podría nunca estar en los zapatos del gran Frank Greco, es un simple pelele al servicio de alguien más, que se cree grande solo por liderar unas cuantas calles.
—Requiero un arma, una que funcione con apenas aplicarle fuerza, que sea discreta, fácil de llevar y sobre todo efectiva —digo sin seguir perdiendo tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obligada A Amarte