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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 117

Capítulo 117

- Se le quedó atascada la mano y no logro sacarlo, Lucía. Intenté mover la piedra pero pesa demasiado -explicó Thiago, tratando de mostrarse valiente aunque sus labios temblaban.

Lucía evaluó la situación. La roca superior era un bloque de granito pesado. Intentó empujarla con todas sus fuerzas, apoyando la espalda contra la piedra, pero no se movió ni un milímetro. La desesperación empezó a filtrarse en su pecho cuando vio que el agua del arroyo, aunque baja, empezaba a mojar los pantalones de Benicio.

- ¡Ayuda! ¡Aquí estamos! -gritó Lucía con toda la potencia de sus pulmones.

Unos minutos después, el sonido de pasos pesados rompiendo ramas anunció la llegada de alguien.

Alexander apareció en el claro, con la camisa desgarrada y el rostro cubierto de sudor y arañazos.

Parecía un hombre al borde del colapso nervioso.

- ¡Benicio! ¡Thiago! -exclamó Alexander, lanzándose hacia ellos. Al ver a Lucía, su expresión fue de un alivio tan puro que casi la desarma-.

¡Gracias a Dios los encontraste! Se me escaparon en un segundo... corrí por el sendero equivocado...

- ¡Alexander, deja de dar explicaciones y ayúdame!

-lo cortó Lucía con firmeza-. Benicio tiene la mano atrapada bajo esta roca. Entre los dos tenemos que moverla, ahora.

Alexander se colocó al lado de Lucía sin dudarlo. El hombre de negocios, el magnate frío y calculador, desapareció para dejar paso a un hombre impulsado por la adrenalina y el instinto.

- ¿Por qué no fuiste a pedir ayuda antes, Alexander? -preguntó Lucía mientras se posicionaban.

- No quería dejarlos solos -respondió él, hundiendo los dedos bajo el borde de la piedra-.

Tenía miedo de no encontrar el camino de regreso si me alejaba.

- Sus padres están muy preocupados y asustados por ustedes -comentó Lucía a los niños mientras avanzaban por el sendero bajo la luz de la luna que empezaba a asomar.

- ¿En serio? -preguntó Thiago con incredulidad -. A veces creo que no les importamos. Siempre están gritando por el trabajo o por las fiestas Alexander se detuvo un momento, mirando a su sobrino.

- No es así, Thiago. Sus padres... a veces olvidan cómo demostrarlo, pero los adoran. Créeme, hoy lo vas a ver Cuando el grupo finalmente emergió en el claro del campamento, el silencio se apoderó del lugar por un segundo antes de estallar en actividad. Elisa, que había estado caminando de un lado a otro como un león enjaulado, soltó un grito ahogado y corrió hacia ellos No hubo reproches, ni quejas sobre el barro. Elisa prácticamente le arrebató a Benicio a Alexander y lo envolvió en un abrazo tan sincero y desesperado que el niño se quedó mudo de la sorpresa. Rodrigo se acercó a Thiago, poniéndole una mano en el hombro con una firmeza que ocultaba el hecho de que sus ojos estaban empañados Lucía se quedó a un lado, observando la escena.

Sintió una mano cálida en su hombro y se giró para encontrarse con Alexander.

- Lo hiciste bien, Lucía -susurró él-. Gracias por no rendirte con ellos.

- Son familia, Alexander -respondió ella simplemente.

- Sí -asintió él, mirando el abrazo de Elisa y sus hijos-. Parece que este campamento está enseñándonos a todos lo que significa esa palabra.

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