Capítulo 122
CAPÍTULO 69
Luis, con su megáfono de plástico, anunció la actividad central de la jornada. Se trataba de un desafío de construcción: cada equipo debía crear un muñeco a gran escala utilizando paja, telas viejas, cuerdas y cartón.
- No es solo un juego de manualidades -explicó Lucía a los niños, que estaban sentados en semicírculo frente a ella-. Esta noche, cuando la fogata sea más alta, quemaremos estos muñecos.
En el interior de cada uno, pondremos pequeños papeles donde escribiremos nuestros miedos, las cosas que nos hicieron llorar y también nuestras metas para el futuro. El fuego se llevará lo malo y nos dejará limpios para que venga lo bueno Thiago y Benicio intercambiaron una mirada de determinación. Estaban cansados de perder; la derrota en las tiendas y el desastre en la búsqueda del tesoro habían herido su orgullo de pequeños De la Vega.
- Tía Lucía -dijo Benicio, acercándose y tironeando de su camiseta-, queremos ganar esta vez. Pero nuestro papá no sabe usar ni las tijeras.
¿Nos ayudas tú a hacer nuestro muñeco?
Lucía sonrió y miró a Alexander, que estaba a unos metros intentando desenredar un rollo de cuerda con cara de pocos amigos.
- Está bien, Benicio -respondió Lucía con un brillo travieso en los ojos-. Yo los ayudaré a ustedes dos. Pero, a cambio, quiero que Mateo y Sofía ayuden a su tío Alexander a construir el suyo.
Él nunca ha hecho un muñeco y necesita... mucha supervisión.
Mateo y Sofía, que escuchaban la conversación, no parecían nada convencidos. Mateo cruzó los brazos sobre su pecho, mirando a Alexander como si fuera un proyecto de ciencias defectuoso.
- ¿Ayudarlo a él? -preguntó Mateo-. Pero si no sabe nada. Va a arruinar nuestro muñeco.
- - Mateo, por favor -susurró Lucía, agachándose a su altura-. Es una oportunidad para que le enseñen lo que saben. Sean buenos maestros.
- Está bien -accedió Sofía, suspirando con dramatismo-. Pero que no toque nada sin nuestro permiso La división de grupos se hizo efectiva. Lucía se llevó a Thiago y Benicio hacia una pila de paja fresca. Los niños estaban radiantes de tener la atención exclusiva de Lucía.
-¿Qué vamos a hacer, tía? -preguntó Thiago, emocionado-. Queremos algo que asuste a los miedos. ¿Un dragón?

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