Capítulo 123
Se aclaró la garganta, intentando usar su tono más diplomático.
- A ver, analicemos la situación desde un punto de vista estratégico -dijo Alexander, cruzando las manos tras la espalda-. Un dinosaurio es fuerte, sí, pero le falta la... elegancia para representar metas futuras. Por otro lado, una princesa tiene autoridad, pero quizás no sea lo suficientemente feroz para quemar los miedos más grandes.
- Entonces, ¿qué? -preguntó Mateo, impaciente.
- Haremos una princesa... disfrazada de dinosaurio -sentenció Alexander-. Tendrá la corona de flores de Sofía, pero llevará una capa de escamas y una cola de T-Rex. Será una PrincesaSaurio.
Los niños se quedaron en silencio un segundo, procesando la absurda idea.
- Está bien -dijo Sofía, satisfecha con la corona -. Es original.
- Aceptable -añadió Mateo-. Será el depredador más elegante del bosque.
Se pusieron manos a la obra. Alexander descubrió que era sorprendentemente bueno atando fardos de paja para darles forma de extremidades. Mateo dirigía la ingeniería de la cola, mientras Sofía decoraba la "armadura" con restos de tela verde.
- Alexander -dijo Sofía mientras pegaba un botón que servía de ojo al muñeco-, ahora tienes que escribir los mensajes que se van a quemar dentro del muñeco. Lucía dijo que tú también tienes que participar.
Alexander tomó un trozo de papel y un lápiz. Se quedó mirando la hoja en blanco. ¿Qué miedo tenía él? ¿A perder su fortuna? No, eso ya no parecía tan importante. ¿A la soledad? Había vivido en ella toda su vida. Miró a los niños, que trabajaban codo con codo con él, y luego a Lucía, que reía con sus sobrinos a unos metros.
- ¿Qué propones que escribamos nosotros, Mateo?
- Entendido -asintió el niño, volviendo a su trabajo con una energía renovada.
Al final de la tarde, los muñecos estaban terminados. El dragón de Thiago y Benicio era una obra de arte de paja roja y cartón, mientras que la Princesa-Saurio de Alexander y los niños era, sin duda, la estructura más extraña y fascinante del campamento.
- Lo logramos -dijo Benicio, dándole un choque de manos a Lucía-. ¡Somos los mejores constructores!
- Y nosotros tenemos al monstruo más aristocrático -añadió Sofía, señalando la corona de flores de su muñeco.
Cuando cayó la noche y la fogata principal fue encendida, el calor de las llamas iluminó los rostros de todos. Uno a uno, los equipos llevaron sus creaciones al fuego. Alexander y los niños cargaron a la Princesa-Saurio. Antes de lanzarla, Alexander metió el papel donde él y Mateo habían escrito su deseo compartido de compañía - Mira cómo arde -susurró Lucía-. Todo lo malo se está yendo, Alexander.
- Lo sé -respondió él, viendo cómo sus sobrinos y los niños del orfanato saltaban juntos alrededor del fuego, olvidando por fin las diferencias de apellido y estatus-. Creo que, por fin, entiendo de qué se trata este campamento.

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