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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 153

CAPÍTULO 90

Lucía entró a la pequeña cafetería cerca de las oficinas de Vegacorp y la encontró de inmediato. Alina estaba sentada en una mesa del fondos enía dos tazas grandes humeando frente a ella y una expresión de quien ha estado conteniendo la respiración durante horas.

La noche anterior, la llamada telefónica entre ambas había sido interrumpida abruptamente por la llegada de Alexander al dormitorio. Le envió un mensaje antes de irse a dormir.

[Desayuno. 7:00 AM. Cerca de la oficina. Es urgente]

Lucía se quitó el abrigo y se sentó frente a su amiga.

Alina no le dio tiempo ni a pedir azúcar. La miró con ojos entrecerrados, escaneando su rostro como si buscara señales de vida inteligente o de desastre inminente.

— Cuéntame ya —exigió sin preámbulos, empujando una de las tazas hacia Lucía—. Anoche, antes de que tu marido apareciera, te sentí muy feliz. Tu voz sonaba diferente, Lucía. Sonaba... esperanzada. ¿Qué pasó ?

Lucía tomó la taza entre sus manos, buscando el calor de la cerámica. Sonrió, y fue una sonrisa genuina, aunque teñida de melancolía.

— Ayer a media mañana tuvimos una reunión con el Doctor Larrea, el especialista en familia.

— ¿Un nuevo abogado? —Alina abrió los ojos—.

— Alexander lo contrató para fusionar su equipo con el mío y agilizar la adopción de Sofía y Mateo. —Lucía sopló el vapor de su café—. Según Larrea, con los recursos de los de la Vega y la presión adecuada en los juzgados, los plazos se van a reducir a la mitad. Es casi un hecho, Ali. Voy a tener la custodia definitiva antes de fin de año.

Alina soltó un chillido ahogado de emoción y estiró la mano para apretar la de Lucía sobre la mesa.

— ¡Me pone muy feliz esa noticia! —exclamó, con los ojos brillantes—. Ya es hora de que esa adopción termine y esos niños puedan estar con nosotras, en un hogar de verdad, sin miedo a que se los lleven. ¡Vamos a ser la mejor familia disfuncional del mundo!

Lucía asintió, compartiendo la alegría, pero su sonrisa se desvaneció un poco al recordar los detalles legales de la reunión. Bajó la vista hacia el café negro, viendo su propio reflejo distorsionado en el líquido oscuro.

Alina, que conocía a Lucía mejor que nadie, detectó el cambio de inmediato. Su radar de mejor amiga se activó.

— Aunque... —Alina retiró la mano y se reclinó en la silla, analizando—. Esa cara no es de felicidad completa. Hay un "pero", ¿verdad?

Lucía suspiró.

— Ahora no serán niños De la Vega, Alina.

— ¿No? —preguntó Alina, confundida—. Pero si están casados. Legalmente, si adoptas, él adopta. Es automático en sociedad conyugal.

— No en este caso. —Lucía negó con la cabeza—. Alexander fue muy específico con el abogado. Él va a poner el dinero, los contactos y la seguridad, pero la adopción saldrá exclusivamente a mi nombre.

Alina frunció el ceño, procesando la información.

— O sea... ¿Alexander te va a ayudar con todo el proceso, va a pagar las escuelas y la comida, pero no quiere formar parte del papel?

— Exacto.

— Eso no te gusta —afirmó Alina, observando cómo Lucía apretaba la mandíbula—. Te cambió la expresión de la cara en cuanto lo dijiste. Te duele.

— No sé, Alina. Me siento rara —confesó Lucía, revolviendo el café con la cuchara innecesariamente—. Debería estar saltando de alegría. Voy a tener a mis hijos. Tengo el apoyo financiero. Pero... pensé que habíamos llegado a un punto con Alexander. Pensé que las cosas habían cambiado entre nosotros.

Alina levantó una mano, deteniendo el flujo de pensamientos de su amiga.

— Espera, espera... ¿A qué punto llegaron? ¿Qué sucedió entre ustedes que no me has contado? Porque la última vez que hablamos él estaba durmiendo en un sofá.

Lucía miró alrededor de la cafetería para asegurarse de que nadie conocido estuviera cerca. Se inclinó hacia adelante y bajó la voz.

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