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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 154

Capítulo 154

CAPÍTULO 91

Lucía miró su reloj. Llegaba cuarenta minutos tarde.

Antes de llegar a la puerta, la secretaria ejecutiva que había servido a Alexander y que ahora la servía a ella con una lealtad dividida pero eficiente, se puso de pie de un salto.

- Señora Lucía -susurró con urgencia-. El señor Alexander está dentro. La reunión con Transportes Zambrano empezó hace veinte minutos.

Lucía asintió, agradeciendo la advertencia.

- Gracias, entraré ahora.

Empujó la puerta doble y entró.

La escena que encontró era un estudio de contrastes. Alexander estaba sentado en su silla habitual, con una postura rígida, impecable en su traje gris carbón, proyectando esa aura de tiburón financiero que podía congelar una habitación.

Frente a él, sentado en el borde de la silla de visitas, había un hombre mayor.

Al escuchar la puerta, ambos se giraron.

- ¡Gracias a Dios! -exclamó el hombre, dando un paso hacia ella-. Llegó, señora Lucía. Llegó.

Lucía sonrió, extendiendo la mano con calidez, ignorando la mirada gélida de su esposo.

- Buenos días. Disculpen la demora -Estrechó la mano del hombre, sintiendo la piel áspera y trabajadora-. Usted debe ser el señor Javier Zambrano.

- El mismo, señora. -El hombre le sostuvo la mano un segundo más de lo protocolar, aferrándose a ella-. Oh, la recuerdo perfectamente. Su voz... es la misma que escuché por teléfono la semana pasada. Hemos mantenido comunicaciones telefónicas, ¿lo recuerda?

- Por supuesto que lo recuerdo, Don Javier - aseguró Lucía-. Hablamos sobre su flota de camiones de carga refrigerada y la situación de sus conductores.

- Así es, así es. -Javier Zambrano miró de reojo a Alexander con temor, y luego volvió a centrarse en Lucía, bajando la voz-. Usted me aseguró... usted me dio su palabra de que VegaCorp quería asociarse.

Me dijo que no comprarían mi flota para desmantelarla y venderla por separado como chatarra.

La voz del hombre tembló al final de la frase.

- Que es justamente lo que este señor De la Vega me está diciendo que harán desde que entré a esta oficina -acusó Zambrano; señalando a Alexander con su sombrero-. Me ha puesto sobre la mesa un contrato de liquidación de activos. Dice que mis camiones valen más por piezas que rodando.

Lucía sintió una punzada de indignación. Se giró hacia Alexander. Él la miraba impasible, desafiándola a contradecir la lógica financiera.

Lucía volvió a mirar a Don Javier y le puso una mano en el brazo.

- Oh, no. Eso no está en nuestros planes, señor Zambrano. -Su voz fue firme, llenando la habitación-. Sé del valor sentimental que tiene su empresa para usted. Sé que esos camiones no son solo máquinas; son el sustento de cuarenta familias que han trabajado con usted por décadas. No vamos a desguazar nada.

El hombre pareció desinflarse de alivio. Sus hombros cayeron y una sonrisa temblorosa apareció en sus labios.

- Gracias... sabía que usted era diferente.

La cara de Alexander, sin embargo, era otra.

Si las miradas mataran, Lucía habría caído fulminada en la alfombra..

Alexander se puso de pie lentamente, cerrando la carpeta que tenía frente a él con un movimiento deliberado y suave.

- Señor Zambrano -dijo Alexander con una cortesía gélida-, ¿me permite un momento con mi esposa? Debo hablar con ella a solas para... aclarar ciertos puntos de la estrategia.

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