Capítulo 158
CAPÍTULO 94
Mateo y Sofía caminaban delante de ellas, inusualmente silenciosos. Se habían peinado con esmero y Mateo intentaba ocultar la suciedad de brazo bajo la manga de su suéter, consciente de que estaba siendo evaluado. Sofía le apretaba la mano a su hermano, lanzando miradas furtivas hacia atrás para asegurarse de que Lucía seguía ahí.
- Las instalaciones han mejorado notablemente desde mi última visita -comentó la Señora Miranda, anotando algo en su libreta sin detenerse -. Veo colchones nuevos en los dormitorios y la calefacción funciona.
- Hemos tenido... donaciones generosas últimamente -respondió la Madre Superiora, caminando al otro lado de la funcionaria-. La Providencia, y buenos amigos, nos han ayudado.
La Madre Superiora miró a Lucía con una sonrisa cómplice. Sabía que "la Providencia"tenía nombre, apellido y una cuenta bancaria que Lucía había vaciado para arreglar las calderas.
Llegaron a la pequeña oficina de la dirección.
- Siéntese, señora De la Vega. Y ustedes, niños, pueden jugar en el rincón de lectura mientras hablamos.
La asistente social revisó los papeles en silencio durante unos minutos que parecieron horas.
- Su situación económica es... abrumadoramente positiva -dijo Miranda, levantando una ceja-.
Solvencia, propiedades, un cargo ejecutivo de alto nivel. Materialmente, estos niños no necesitarían nada.
- El dinero es una herramienta, no un hogar - respondió Lucía con suavidad-. Pero sí, puedo garantizarles educación, salud y seguridad.
- Sin embargo -continuó Miranda, cerrando la carpeta y quitándose las gafas-, la economía no lo es todo. Buscamos vínculos. Buscamos reparar historias rotas. He leído su expediente personal, Lucía. Es... escueto.
Lucía tragó saliva.
- ¿Escueto?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.