Capítulo 159
Lucía se tensó. Sabía lo que venía.
- Dígame.
- Usted está casada. Legalmente casada con uno de los hombres más poderosos del país. En su solicitud figura como una adopción monoparental, alegando razones laborales de su cónyuge, pero... viven juntos. La prensa los muestra juntos. -Miranda la miró fijamente-. La llegada de dos niños con traumas de abandono a un matrimonio es una prueba de fuego. ¿Esto no afectará su relación con el señor Alexander De la Vega?
Lucía respiró hondo. Tenía que ser cuidadosa. No podía mentir, pero tampoco podía decir "mi esposo no los quiere".
- Alexander y yo tenemos un matrimonio...
moderno -eligió sus palabras con cuidado-.
Respetamos mucho los espacios y los proyectos individuales del otro. Él sabe que este es mi proyecto de vida. Él me apoya. Pero él tiene una carrera muy exigente. La crianza recaerá en mí, y ambos estamos de acuerdo con eso. No hay conflicto, hay... división de tareas.
- ¿Está segura de que él acepta la presencia de estos niños en su hogar? -insistió Miranda-. No queremos enviar a Mateo y Sofía a una casa donde se sientan tolerados, pero no bienvenidos por la figura paterna.
- Él los acepta -dijo Lucía, y cruzó los dedos mentalmente, recordando la escena de la noche anterior y los binoculares que Alexander había comprado-. Él... está aprendiendo. No tuvo una familia convencional, igual que nosotros. Pero está dispuesto.
La Señora Miranda anotó algo en el margen de la hoja.
- Bien. Su testimonio es convincente, Lucía. Pero el protocolo es estricto en casos de convivencia.
Necesitaré constatar eso personalmente.
- - ¿A qué se refiere?
- A que, si bien la adopción saldrá a su nombre, el señor De la Vega cohabita con los menores.
Necesito evaluar su idoneidad y su disposición. - Miranda cerró la carpeta-. ¿Podría tener una entrevista con él también?
El corazón de Lucía se detuvo un segundo. Una entrevista con Alexander. Alexander, que estaba esp erando afuera en el coche porque ella le había prohibido entrar.
- Él... tiene una agenda muy complicada - improvisó Lucía, sintiendo el sudor frío en la espalda-. Viaja mucho.
-Puedo adaptarme -dijo Miranda, inflexible-.
No tiene que ser hoy. Pero antes de la sentencia definitiva, tendré que hablar con él.
- Por supuesto -dijo Lucía, forzando una sonrisa -. Yo lo coordinaré.

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