Capítulo 160
CAPÍTULO 95
Elisa De la Vega estaba recostada en un sofá de terciopelo gris de la sala de los Navarro-Castillo, sosteniendo una copa de Chardonnay con la misma delicadeza con la que se sostiene un arma cargada.
Victoria, la anfitriona, caminaba descalza sobre la alfombra de seda, rellenando su propia copa con una botella que costaba más que el sueldo mensual de un empleado promedio de VegaCorp.
El reloj de pared marcaba las diez de la noche.
- ¿Fernando aún no llega? -preguntó Elisa, rompiendo el silencio con una curiosidad que ocultaba malicia.
Victoria resopló, dejando la botella sobre la mesa de centro de cristal.
- No. Me envió un mensaje hace una hora. Dice que se queda trabajando hasta tarde en la torre Vega.
- Tengo mis dudas, querida. -- Elisa bebió un sorbo-. Mis dudas de que realmente esté trabajando. Fernando nunca ha sido tan... dedicado.
- Tu familia lo está explotando -comentó Victoria, con esa falsa solidaridad que usaba para sembrar cizaña-. Desde que la veterinaria asumió la presidencia, tiene a todo el mundo corriendo en círculos.
- ¿Insinúas que tiene a otra? -preguntó Elisa, arqueando una ceja perfectamente depilada.
- Ojalá -soltó Victoria con una risa seca-. Eso me facilitaría las cosas. Pero no creo que tenga el valor. Fernando es un cobarde. Probablemente se queda allá para evitarme a mí, o peor... para estar cerca de ella. De la santa Lucía.
Elisa notó el tono amargo en la voz de su amiga.
-¿Realmente sabes qué está haciendo tu marido?
-insistió Elisa, removiendo la herida-. Porque Rodrigo me ha comentado que los números de las cuentas personales... fluctúan.
Victoria agitó la mano, desestimando el tema con aburrimiento.
- La verdad es que poco me importa, Elisa. Que haga lo que quiera con el dinero o con su tiempo.
Me quiero divorciar. Lo he decidido. Este matrimonio no resiste otro invierno.
Victoria clavó sus ojos oscuros en Elisa, devolviendo el golpe.
- Pero deja de preguntarme por mi marido.
Hablemos del tuyo. ¿Sabes qué hace el tuyo? Porque se rumorea que Rodrigo está perdiendo influencia en la empresa a la velocidad de la luz.
Elisa se tensó. Odiaba que le recordaran la debilidad de Rodrigo.
- Rodrigo está bien -mintió, alisándose la falda -. Solo está dejando que Lucía juegue a la ejecutiva un rato hasta que se estrelle. Es estrategia. Dejamos que ella cometa los errores y luego nosotros recogemos los pedazos.
- Si tú lo dices... -Victoria no parecía convencida, pero decidió no presionar más. Sabía que Elisa era peligrosa cuando se sentía acorralada-. Bueno, bueno... a lo que vinimos, Elisa. Basta de hablar de maridos inútiles.
Victoria se inclinó hacia adelante, cambiando el tono a uno de conspiración.
-¿Vas a organizar la cena de la Fundación?
- Por supuesto -respondió Elisa, recuperando su sonrisa afilada-. Es mi evento. Aunque ahora tenga que compartir el crédito con Matilde y con la Presidenta Honoraria.
- ¿Y vas a dejar que ella brille? -preguntó Victoria -. Dicen que eligió una causa benéfica muy lacrimógena. Huérfanos y animales. La prensa se la va a comer a besos.
- Dejaré que crea que brilla. Hasta que se apague la luz. -Elisa bebió un sorbo de vino, saboreando el plan que había estado gestando-. Necesito que la cena sea inolvidable. Pero no por la recaudación.
- Cuenta conmigo -dijo Victoria, ansiosa por un poco de caos-. Ya tengo la persona indicada para que moleste a Alexander y a Lucía. Estaba pensando en invitar a...

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