Capítulo 176
El salón estalló.
Elisa se llevó las manos a la cara. Rodrigo se giró hacia ella, con los ojos desorbitados.
- ¿Tú... tú me robas a mí?
La señora Miranda no participaba de la conversación. Estaba en medio de todo, inmóvil, observándolo todo con la frialdad de un juez.
Anotando mentalmente cada grito, cada traición, cada delito.
El caos se desató. Alexander y Lucía, al ver la discusión escalar y ver a la asistente social en el ojo del huracán, tuvieron que levantarse y correr hacia allí.
Alexander llegó primero donde su primo.
- ¡Rodrigo! -le gritó, intentando separario de Elisa, a quien parecía querer estrangular-. ¡¿Qué sucede?! ¡Todos los están mirando! ¡Detente!
Rodrigo se giró hacia Alexander. Estaba furioso, abochornado y herido de muerte. Había perdido su dinero, su confianza y su dignidad. Y ver a Alexander allí, perfecto, controlado, con su esposa perfecta al lado, fue el detonante final.
-¿Te diste cuenta de que te han estado robando?
-le gritó Rodrigo a Alexander, escupiéndole las palabras-. ¡Tú lo sabías también! ¡Sabías lo de Elisa y no me dijiste nada!
- Rodrigo, cállate...
-¡Tú que te crees tan perfecto, Alexander! - continuó Rodrigo, delirante-. ¡Pero tengo algo que tú no tienes! ¡Mi matrimonio, aunque sea una m****a y ella me robe, es REAL!
Rodrigo señaló a Lucía con un dedo acusador.
-¡Tu matrimonio es una farsa! ¡Es un contrato!
¡Pagaste por ella! ¡Todo es mentira!
La frase retumbó en el salón.
Rodrigo miró directamente a la señora Miranda, buscando hacer el máximo daño posible.
- ¡Anote eso, señora asistente social! -gritó-.
¡Anote que estos dos no son una familia! ¡Son una sociedad anónima! ¡Viven separados! ¡Él no quiere a esos niños! ¡Todo es un teatro para la herencia!
Lucía y Alexander se giraron lentamente para darse cuenta de que la señora Miranda estaba de pie, con su bolso en la mano y una expresión de horror absoluto.
La asistente social miró a Lucía. Miró a Alexander.
Y luego miró el caos de ladrones, estafadores y matrimonios falsos que la rodeaba.
- Me voy de aquí -dijo la señora Miranda con voz temblorosa pero firme-. Esta familia es un caos.
El escándalo continuaba. Augusto y Matilde trataban de mantener la calma y bajar los gritos, pero el daño estaba hecho. La reputación de los De la Vega estaba en el suelo.
Lucía caminó entre la gente, como un fantasma.
Llegó hasta donde estaban sus abuelos políticos.
Se desabrochó el collar de zafiros con manos temblorosas. El peso de las joyas, de la empresa, de la mentira, ya no lo soportaba.
Le entregó el collar a Matilde.
Luego miró a Alexander, que venía hacia ella, pálido, intentando arreglar lo inarreglable.
- Lucía... -empezó él.
Lucía lo miró con ojos muertos.
- Se acabó, Alexander. Se llevaron a mis niños. Tu familia... tu mundo... me costó a mis hijos.
Se giró hacia Augusto.
- Renuncio -exclamó, con una voz que cortó el aire-. Renuncio a la presidencia. Renuncio al contrato. Renuncio a todo.
Y sin mirar atrás, Lucía Flores salió de la mansión, dejando atrás los millones, el poder y al hombre que amaba, para ir a buscar lo único que realmente le importaba: los pedazos de su corazón roto.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.