Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 179

Capítulo 179

CAPÍTULO 111

Para Alexander, los días posteriores a la fiesta se convirtieron en una nebulosa gris, una rutina mecánica diseñada para evitar pensar.

Era la cuarta vez en la semana que Alexander estacionaba su carro deportivo a media cuadra de distancia. Apagaba el motor, pero no las emociones. Desde su posición, podía ver el interior de la recepción a través de las ventanas de la clinica veterinaria Flores.

La veía a ella. Lucía.

Lucía se movía con una eficiencia que a él siempre le había fascinado. La vio recibir a una señora mayor con un gato en brazos; vio cómo su rostro, usualmente serio cuando estaba con él, se iluminaba con una sonrisa tierna al acariciar al animal. Llevaba el uniforme azul celeste, el cabello recogido en una coleta práctica de la que escapaban algunos mechones rebeldes. Parecía estar en paz, en su elemento, un mundo tan alejado de las intrigas corporativas y los escándalos de la alta sociedad.

Su mano descansó sobre la manija de la puerta del coche. Los músculos de su brazo se tensaron.

Bájate, se ordenó a sí mismo. Cruza la calle, entra, pide perdón, explícale que todo fue una trampa, que el escándalo no te define.

Pero la mano no se movió.

El recuerdo de la noche de la fiesta seguía demasiado vivo. La humillación pública, los gritos, la confusión. ¿Con qué cara podía presentarse allí, trayendo consigo el caos de su apellido?

Alexander temía ver en los ojos de Lucía no odio, sino decepción. O peor aún: indiferencia.

Suspiró, empañando levemente el cristal de la ventanilla. La vio reírse de algo que le dijo su asistente y sintió un dolor agudo en el pecho, una punzada de celos por no ser él el causante de esa sonrisa. Permaneció allí cuarenta minutos más, como un guardián silencioso y cobarde, hasta que las luces de la clínica se apagaron y vio a Luis y la nueva veterinaria despedirse. Alexander encendió su motor y regresó a la soledad de su apartamento. El tampoco volvería a la mansión.

A la mañana siguiente, Alexander se dirigió al bufete del abogado de familia Larrea.

- Alexander, toma asiento -dijo Larrea, sin rodeos-. He estado revisando los daños de la noche del sábado.

- ¿Qué tan malo es?-preguntó Alexander, sentándose y rechazando el café que le ofrecía la secretaria.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.