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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 181

Capítulo 181

Ricardo no dijo nada más. Se hundió en el sillón, con el peso del mundo cayendo sobre sus hombros relajados. Alexander miró a su padre y vio el terror en sus ojos, pero también vio algo más: resignación. Sabía que su padre esperaba que esto fuera temporal, con Augusto, temporal podía significar una década.

- Trabajaremos unidos como la familia que somos -dijo el abuelo, dando por terminada la reunión-.

O dejarán de ser familia y pasarán a ser acreedores. La junta terminó.

Alexander y Rodrigo se quedaron solos en la sala de juntas.

Alexander observóa su primo. Siempre habían tenido una relación complicada, competitiva.

Habían sido criados para ser rivales, para luchar por la silla del abuelo. Pero hoy, viendo a Rodrigo tan abatido, Alexander no sintió ganas de competir.

- Rodrigo-lo llamó suavemente.

Su primo se giró, con los ojos rojos. Parecía haber envejecido cinco años en una semana.

-¿Qué quieres, Alexander? ¿Venir a regodearte de que el abuelo casi nos deshereda?

- No. Quiero saber cómo estás. Y quiero preguntarte por Elisa.

Al mencionar el nombre de su esposa, la máscara defensiva de Rodrigo se rompió un poco. Elisa había sido el centro del huracán en la fiesta. Su comportamiento errático había sido la chispa que encendió el escándalo.

Rodrigo suspiró y se pasó una mano por el cabello.

- Ella está mal, Alexander. Está arrepentida. No ha salido de la habitación en tres días.

-¿Qué vas a hacer? -preguntó Alexander-.

Sabes que el abuelo no va a tolerar que ella siga viviendo aquí en la mansión principal después de lo que dijo sobre la familia frente a los invitados.

- Seguiré trabajando en la empresa, por supuesto, no voy a dejarte el camino libre tan fácil -bromeó débilmente-, pero mi vida personal ya no va a ocurrir bajo el techo de la mansión. Quizás sea lo mejor. Quizás si nos alejamos, podamos respirar.

Alexander asintió lentamente. Sintió una punzada de envidia. Rodrigo estaba tomando una decisión valiente, priorizando a la mujer que amaba sobre el poder y la comodidad. Rodrigo, a pesar de sus fallos, estaba luchando por su familia.

- Haces bien -dijo Alexander, extendiéndole la mano-. Si necesitas ayuda con la mudanza o con el abuelo, cuenta conmigo.

Rodrigo estrechó su mano con firmeza.

- Gracias. Y tú, Alexander... no seas idiota. Ve a buscar a Lucía. No te quedes mirando desde el coche como un acosador. Toca la maldita puerta.

El poder había rotado hacia el lugar menos pensado, su primo se marchaba para salvar su amor, y el abuelo había amenazado con destruir el legado. El mundo de Alexander se tambaleaba, y se dio cuenta de que, si todo se caía, no quería que los escombros lo atraparan estando solo.

Ricardo podía intentar dirigir la empresa, pero Alexander tenía una misión mucho más difícil:

recuperar la confianza de alguien que ya había aprendido a vivir sin él.

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