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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 502

CAPÍTULO 91

Matilde caminaba de un lado a otro, frotándose los brazos sobre su abrigo.

— ¿Crees que vendrá? —preguntó Teresa, sentada en el borde de la cama— Ese hombre no me dio buena espina.

— El Gato es un mercenario, pero tiene un código —respondió Clara, aunque su voz delataba su propio nerviosismo— No lastimaría a un miembro de su familia. Si dijo que nos traería información, lo hará. Solo nos queda esperar.

De pronto, tres golpes secos y firmes resonaron en la puerta de la habitación de hotel. Las tres mujeres saltaron simultáneamente. Matilde se quedó paralizada, mirando el pomo de la puerta, mientras Clara buscaba instintivamente algo con qué defenderse.

— ¿Clara? —una voz conocida, profunda y cargada de una fatiga familiar, llegó desde el otro lado.

Matilde no esperó a que Clara respondiera. Reconoció esa voz incluso antes de procesar el nombre en su mente. Corrió hacia la puerta y la abrió de golpe. No era El Gato.

Augusto de la Vega estaba allí, de pie en el pasillo, con la ropa arrugada y el rostro marcado por la falta de sueño, pero con la misma mirada fiera que lo había hecho invencible. A su lado, Carlos se mantenía firme, aunque su vista se desvió de inmediato hacia Clara.

— ¡Augusto! —gritó Matilde, lanzándose a su encuentro.

Él la recibió en sus brazos con una urgencia desesperada, enterrando el rostro en su cuello y aspirando el aroma que le había servido de guía durante las noches en la celda. La levantó del suelo por un segundo, apretándole contra su pecho como si temiera que, al soltarla, se desvaneciera.

— ¡Mi amor! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es posible? —preguntó Matilde entre sollozos de alegría, apartándose apenas para acariciar su rostro.

Augusto la miró con una mezcla de adoración y reproche.

— ¿Qué haces tú aquí, Matilde? Te pedí que te quedaras a salvo, que no te arriesgaras. Y lo primero que hacen es buscar el peligro.

— No te iba a dejar solo, Augusto. Jamás —replicó ella con una firmeza que lo dejó mudo— Estábamos buscando pruebas. Clara consiguió un contacto, un hombre que conoce este lugar... Pero dime, ¿cómo saliste? ¿Qué pasó?

Augusto la guió hacia el interior de la habitación mientras Carlos y Clara mantenían un duelo de miradas en el umbral.

— Ya se solucionó la parte más urgente —explicó Augusto, sentándose en la única silla de la habitación y atrayendo a Matilde hacia sus rodillas— Tus padres, Matilde... retiraron su declaración.

Matilde se quedó inmóvil. — ¿Mis padres?

Capítulo 502 1

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