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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 500

CAPÍTULO 89

Enrique entró en el vestíbulo de su casa con los nervios de punta. Su rostro, una vez símbolo de la arrogancia, era ahora una máscara de sudor y terror. No se quitó el abrigo; sus manos buscaban desesperadamente en los cajones del recibidor cualquier resto de efectivo que hubiera olvidado.

— ¡Madre! ¡Leonor! —gritó mientras subía las escaleras de dos en dos, tropezando con sus propios pies.

Leonor Saldívar apareció en el rellano del segundo piso. Vestía una bata de seda azul, pero su porte de reina se había desmoronado. Sostenía una carta en su mano derecha temblorosa.

— Enrique… ¿Qué es esto? —preguntó ella, con una voz que oscilaba entre la indignación y el pánico— Mis amistades no paran de llamar. Los Arturia, el cónsul… todos preguntan lo mismo. Dicen que el banco no ha abierto sus puertas hoy. Dicen que no pueden retirar sus fondos. Enrique, me puedes explicar qué sucede de una vez por todas. ¿Qué le has hecho al legado de tu padre? Hoy ya he recibido a dos esposas de clientes de tu banco. ¿Dónde te has metido todo el día?

Enrique llegó hasta ella y la tomó de los hombros con una brusquedad que la hizo soltar el papel que tenía en su mano.

— Escúchame bien, madre, porque no tenemos tiempo para lamentos ni para la memoria de mi padre —siseó Enrique, sus ojos inyectados en sangre fijos en los de ella— El banco está acabado. La ciudad entera sabe que las bóvedas están vacías. Mañana habrá una orden de arresto contra mí y probablemente una investigación sobre todo lo que lleve el apellido Saldívar. Es momento de irse. Ahora mismo. Esta casa ni nada de lo que hay dentro pertenece a la familia Saldivar.

Leonor palideció, llevándose una mano al pecho, donde su collar de perlas parecía asfixiarla.

— ¿Irnos? ¿A dónde? Esta es nuestra ciudad, Enrique. Aquí están nuestras raíces. Esta casa perteneció a mi familia, fue un regalo de bodas. No me la pueden quitar.

— Ya nos las quitaron, madre —replicó él, soltándola para entrar en el dormitorio principal— Guarda todo lo que tengas de valor. Ahora mismo. Joyas, relojes, las esmeraldas que te dejó la abuela… todo lo que sea pequeño y fácil de transportar. Necesitamos el dinero en efectivo que tengas en la caja fuerte de la habitación. Tendremos que irnos un tiempo máximo de una hora, desaparecer hasta que la tormenta pase o hasta que mis abogados encuentren una salida en el extranjero.

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