Capítulo 208
CAPÍTULO 128
Lucía soltó el maletín médico en el pasto. Caminó los últimos metros que los separaban, con una mezcla de alivio y confusión.
- Alexander... -murmuró-. ¿Qué haces aquí? ¿Y la emergencia? Alina me dijo que había caballos muriéndose.
Alexander negó con la cabeza, acercándose a elia pero sin tocarla todavía.
- Alina es una excelente cómplice, pero un poсо dramática. No hay caballos muriéndose. Están perfectos. Son Viento y Fuego. Acaban de llegar.
Lucía miró a los animales, que levantaron la cabeza para observarla con curiosidad.
-¿Entonces? -Lucía se cruzó de brazos, intentando mantener su postura severa, aunque por dentro estaba temblando-. ¿Me hiciste venir hasta aquí, haciéndome creer que había una urgencia médica, solo para un paseo campestre? Alexander, dejé la clínica sola. Luis casi viene en mi lugar.
- Lo sé. Hubiera sido un desastre si aparecía Luis -admitió Alexander con una risa corta-. Pero la emergencia es real, Lucía.
- ¿Cuál es?
- Es esta. -Alexander abrió los brazos, señalando el espacio vacío, el horizonte, la tierra bajo sus pies -. Esta es la emergencia. Tengo exactamente una hora para concretar la compra de este terreno. Los papeles están en el coche, listos para firmar. Pero hay una cláusula que me impuse a mí mismo.
- ¿Qué cláusula?
- Necesito saber que tú lo apruebas.
Lucía miró a su alrededor, confundida.
-¿Que yo apruebe qué? ¿Que compres otra propiedad? Alexander, tienes edificios, tienes terrenos industriales... ¿para qué quieres esto? ¿Es para una nueva sucursal de logística?
Alexander se acercó y le tomó la mano. Su tacto era cálido, firme.
- No, Lucía. No es para VegaCorp. Ven. Quiero mostrarte algo.
La guió a través del prado, alejándose de los caballos. Caminaron hasta un punto donde el terreno se aplanaba, ofreciendo una vista panorámica del valle y de la puesta de sol que comenzaba a teñir el cielo.
Lucía miraba el espacio vacío y, gracias a la voz de Alexander, empezaba a ver las paredes, los árboles, la vida.
Alexander la llevó más cerca del río.
- Y allá, cerca del agua... ahí es donde criaríamos a nuestros propios animales. No solo perros de tres patas, aunque Kai tendrá su palacio. Caballos. Como esos dos que viste. Benicio quiere ser jinete, ¿recuerdas? Aquí tendría espacio.
Se giró hacia ella, con los ojos brillando de entusiasmo.
- Y lo más importante... -Señaló una estructura antigua de piedra que estaba en ruinas, un poсо apartada-. Ese granero viejo. La estructura es sólida. Con una buena inversión, aislamiento, equipos modernos... podría ser una nueva clínica.
Una clínica con especialidad equina y de fauna silvestre. Algo que no existe en la ciudad.
Lucía se llevó las manos a la boca. La visión era abrumadora. Era perfecta.
- ¿Y mi veterinaria? -preguntó, con la voz entrecortada-. La de la ciudad.
- Quedaría en muy buenas manos -le planteó Alexander, con la lógica de negocios que nunca lo abandonaba, pero aplicada al amor-. Camila es brillante. Y Luis... Luis es leal y competente. Podrías hacerlos socios. Darles el manejo del día a día de la sucursal urbana. Tú seguirías siendo la dueña, pero tu base... tu base estaría aquí. Donde el aire es limpio.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.