Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 216

Capítulo 216

CAPÍTULO 134

- No puedo -dijo rápidamente, dando un paso atrás-. Me encantaría, pero... ya quedé.

- ¿Con quién? -preguntó Benicio, extrañado-. Si viniste sola.

- Con Mateo -mintió Sofía, agarrándose al nombre de su hermano como a un salvavidas-.

Hablé con él. Saben que hoy fue su primer día con el cargo importante de forma oficial.

-¿Mateo? -Thiago frunció el ceño- Dile que se nos una en el restaurante.

-No, no otro día. Solos... cosas de mellizos. Ya sabes. -Sofía empezó a caminar hacia atrás-. Los veo el fin de semana. Bienvenidos. Disfruten la cena.

Y antes de que pudieran insistir, Sofía dio media vuelta y salió corriendo del aeropuerto por segunda vez en la noche, sintiendo la mirada de Thiago quemándole la espalda.

No había acordado encontrarse con Mateo, por supuesto. Ni siquiera sabía dónde estaba su hermano. Pero ya estaba allí, en la ciudad, y no quería volver a casa de sus padres y tener que explicarle a su madre por qué tenía los ojos llorosos.

Necesitaba un refugio. Y el apartamento de soltero de Mateo era el único lugar donde podía esconderse.

Llegó al edificio moderno donde vivía su hermano.

Estacionó en la calle y subió al lobby.

El portero, un hombre nuevo que no la conocía, la detuvo.

- Señorita, no puede subir sin autorización.

- - Soy la hermana del dueño del 10B -explicó ella, cansada-. Mateo de la Vega.

- El señor de la Vega no está -informó el portero -. Salió hace horas. Y no ha vuelto.

- Lo esperaré -dijo Sofía, sentándose en uno de los sillones de diseño del vestíbulo.

Sacó su celular y empezó a bombardear a Mateo con mensajes.

[¡Mateo! Estoy fuera de tu departamento] [El portero nuevo no me deja subir] [¿Me puedes abrir la puerta? Me estoy congelando] [¿Dónde estás? Mamá dijo que estabas en casa] Como siempre, no tuvo ninguna respuesta inmediata. Su hermano no estaba. Seguramente, como había predicho ante su madre, estaba en ese club.

Sofía se acurrucó en el sillón, abrazando sus rodillas a esperar a su hermano.

Pasó media hora. Cuarenta minutos.

Finalmente, las puertas se abrieron y Mateo entró.

Caminaba rápido, con la cabeza gacha. Llevaba el saco al hombro y la corbata deshecha. Se veía...

devastado. Sofía, que conocía cada gesto de su hermano, supo al instante que algo había salido muy mal. No tenía la cara de alguien que viene de fiesta; tenía la cara de alguien que viene de un funeral.

Mateo levantó la vista y la vio.

- ¿Sofía?

Sofía se puso de pie, olvidándose de su propio drama al ver el de él.

- Hola, hermano.

- ¿Qué haces aquí? --preguntó él, acercándose.

- Necesitaba verte -dijo ella-. ¿Puedo quedarme contigo esta noche? No quiero volver a la fincа.

Mateo la miró. Vio que ella también estaba mal, aunque intentaba disimularlo. Eran dos náufragos en la misma noche.

- Claro que sí -dijo él, pasándole un brazo por los hombros-. Entra.

Por favor, no me desmientas si te preguntan.

- No te preocupes, soy tu coartada oficial -le aseguró Mateo, intentando esbozar una media sonrisa para tranquilizarla-. Entonces... ¿no cenaste?

- No. Ya era tarde y... no quería volver a la finca con esta cara. Eso es todo.

Hubo un momento de silencio en la sala. Sofía observó a su hermano con detenimiento: notó la tensión marcada en su mandíbula, los hombros rígidos y la forma esquiva en que evitaba su mirada a toda costa.

- Ahora te toca a ti -dijo ella, cambiando el foco de la conversación-. Mejor dime dónde estabas vos. No habrás estado en la oficina hasta esta hora, ¿verdad? Mamá está preocupada, hasta te preparó tu comida favorita.

Mateo se levantó del sofá como si lo hubiera picado un resorte y caminó hacia el inmenso ventanal, dándole la espalda.

- Estaba trabajando. Tuve que cerrar unos papeles urgentes.

- Mateo... -Sofía usó su inconfundible tono de advertencia, el mismo que empleaba cuando eran niños y él intentaba mentirle.

- Mejor pidamos algo para que comas -la interrumpió él, intentando desviar el tema con desesperación-. ¿De qué tenés ganas?

- Mirame.

Mateo no se giró. Se quedó petrificado frente al cristal, mirando las luces de la ciudad sin verlas realmente.

- No, no -dijo Sofía, poniéndose de pie y caminando hacia él hasta acortar la distancia-. No me digas nada. Ya sé dónde estuviste.

Mateo se giró bruscamente, con una mezcla de pánico y vulnerabilidad en los ojos.

- ¿Qué sabes? -preguntó, a la defensiva.

Sofía lo miró en silencio por un segundo. Vio a su hermano derrotado, con el corazón tan maltrecho como el de ella en esa misma noche. Comprendió que acorralarlo ahora,obligarlo a confesar sus heridas, solo lo rompería más. Suspiró, dejando caer su postura de interrogadora, y le dedicó una media sonrisa cargada de absoluta lealtad.

- Pide unas pizzas, Mateo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.