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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 217

Capítulo 217

CAPÍTULO 135

Mateo llevaba tres tazas de café negro y llevaba más de dos horas intentando concentrarse en los informes que tenia frente a el.

Estaba a punto de firmar una autorización cuando la puerta de su despacho, que siempre mantenía cerrada, se abrió con una familiaridad que sólo unas pocas personas en ese edificio poseían.

Thiago de la Vega entró con la seguridad de quien camina por su propio reino.

- Pensé que las oficinas de Sustentabilidad estarían llenas de plantas y muebles reciclados - bromeó Thiago, cerrando la puerta a sus espaldas y caminando hacia el centro del despacho-. Pero veo que sigues teniendo el mismo gusto sobrio de tu padre.

- Llegó el emperador del oriente. Bienvenido a casa.

Thiago se acercó y ambos compartieron un apretón de manos firme, seguido de un breve abrazo.

Thiago tomó asiento en una de las sillas de cuero frente al escritorio, cruzando una pierna sobre la otra.

- Esperaba que fueras a recibirme al aeropuerto ayer -dijo Thiago, y aunque su tono era casual, había una leve nota de reproche en su voz-. Estaba toda la comitiva de la familia, pero el nuevo Director brilló por su ausencia.

Mateo no se inmutó. Había anticipado ese comentario desde que Sofía llegó a su apartamento la noche anterior.

- Tenías a muchas personas para recibirte, Thiago -respondió Mateo con una calma calculada, apoyando los codos sobre la mesa-. Estaba tu padre, tu madre, Benicio, la prensa corporativa... No ocupabas mi presencia para saber que eres bienvenido. Sabía que nos veríamos hoy con más tranquilidad.

Thiago asintió lentamente, aceptando la lógica de la excusa.

- Supongo que tienes razón.

- Es más -añadió Mateo, inclinándose ligeramente hacia adelante-, nos veremos todos los días a partir de ahora, querido primo. Tu oficina está solo dos pasos de la mía. Vas a terminar harto de mi cara en las reuniones del consejo.

Thiago soltó una risa corta.

- Eso es cierto. Nos esperan unos años divertidos.

-Thiago hizo una pausa, y su mirada se volvió un poco más curiosa, casi analítica-. Aunque debo admitir que tu ausencia no fue la única que noté. Tu hermana sí fue, pero así como llegó, se fue.

Mateo sintió que los músculos de su mandíbula se tensaban. Sabía exactamente por qué Sofía había huido, pero preferiría cortarse la lengua antes de exponer el corazón de su melliza frente al hombre que, sin saberlo, se lo había roto.

- ¿Sofía? -Mateo fingió sorpresa-. ¿Fue al aeropuerto?

- Sí. La vi de lejos, entre la multitud. Pensé que no se iba a acercar a nosotros hasta que volvió junto a Benicio. Cuando le dijimos que se uniera a la cena con nosotros, se dio la vuelta y desapareció antes de que pudiera saludarla bien. -Thiago frunció el ceño ligeramente-. Creo que le dio pena. Ya sabes siempre ha sido un poco huraña con los eventos sociales y las personas que no conoce.

<<Le dio pena ver que trajiste a otra mujer», pensó Mateo con rabia protectora, pero su rostro se mantuvo como una máscara de hielo.

- No le dio pena, Thiago. Sofía no le tiene pena a nadie, y menos a un montón de trajes caros. Benicio insistió en que fuera a buscarte, la arrastró hasta allá. Pero la verdad es que nosotros ya teníamos planes.

- ¿Planes? -Thiago levantó una ceja.

- Sí. Cenamos juntos anoche en mi apartamento.

Siempre que podemos, los martes cenamos juntos.

Tenía prisa por llegar, la estaba esperando. Eso es todo.

Thiago se quedó callado un momento, asimilando la información.

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