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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 225

Capítulo 225

CAPÍTULO 143

En el interior del Club Velvet el aire estaba saturado de humo dulce, perfume denso y el zumbido constante de conversaciones que se ahogaban bajo el latido profundo de la música. La oscuridad estaba salpicada por destellos de luces rojas y púrpuras, creando un ambiente de lujo clandestino que a algunos les resultaba embriagador y a otros, profundamente incómodo.

Karla pertenecía al segundo grupo. Avanzaba a duras penas, aferrada al brazo de Thiago, mientras sus costosos zapatos de diseñador se pegaban ligeramente a la alfombra oscura.

- Este club sí está llenísimo -se quejó Karla, alzando la voz por encima de la música, arrugando su nariz perfecta-. Sigo insistiendo en que mejor busquemos otro lugar. El aire aquí es irrespirable.

Tres cabezas giraron hacia ella al unísono. Thiago, Benicio y Sofía la fulminaron con una mirada tan coordinada y cargada de advertencia familiar que Karla cerró la boca de golpe. No dijo nada más del lugar, aunque su postura rígida dejaba clara su disconformidad.

El hombre que los había ayudado a entrar en la puerta se abría paso entre la multitud con una facilidad pasmosa. Los guiaba a través del laberinto de mesas y cortinajes, adentrándose en la zona más exclusiva y apartada del club.

Cuando llegaron frente a un reservado sumido en la penumbra, Héctor se detuvo, hizo una pequeña reverencia servil y extendió el brazo.

- Adelante, señores. Su mesa. -Y con la misma agilidad con la que había aparecido, se fundió entre las sombras del pasillo.

El reservado no estaba vacio.

Había un hombre sentado allí, hundido en el sofá de cuero en forma de herradura, con un vaso de cristal grueso en la mano y la mirada fija en el escenario cerrado. Cuando sintió que varias personas invadían su espacio su reacción fue inmediata y hostil.

- Este lugar está ocupado -bramó el hombre, con una voz grave y áspera, sin siquiera dignarse a mirarlos.

Sofía sintió que el corazón le daba un vuelco.

Reconoció la voz de su hermano al instante. Dio un paso al frente, pasando por delante de Thiago у Benicio.

- Mateo -dijo ella - Somos nosotros.

Mateo se quedó rígido. Levantó la vista despacio, parpadeando para adaptar sus ojos a las siluetas que se recortaban contra la luz del pasillo. Al enfocar el rostro de su hermana melliza, y luego los de sus primos, la copa que sostenía tembló levemente. No lo podía creer.

-¿Qué hacen aquí? -preguntó. La hostilidad había desaparecido, reemplazada por un pánico frío.

- Primo -saludó Benicio, dejándose caer en el extremo del sofá con su habitual desparpajo- Es que si no venimos a ti, no vemos tu rostro. Estás más desaparecido que el abuelo Ricardo en sus viajes a Europa.1

Mateo apretó la mandíbula, recuperando su instinto de defensa corporativa, y le lanzó una mirada fulminante al menor de los de la Vega.

- Mirarías este rostro si te dignaras a venir a la oficina de vez en cuando, Benicio. Los reportes de logística no se firman solos desde los clubes de playa.

- Ya, ya, no estamos para hablar de trabajo - interrumpió Sofía, cortando la tensión.

Ignoró el espacio disponible y pasó por delante de su hermano, acomodándose contiguo a él, pegando su pierna a la suya en un gesto silencioso de apoyo incondicional. Mateo la miró de reojo, su expresión suavizándose un poco al sentir la presencia de su ancla.

Thiago tomó asiento al otro lado de la mesa, con Karla a su lado. El heredero mayor evaluó a Mateo de arriba abajo: la corbata deshecha, el cansancio en los ojos, el vaso medio vacío.

-¿Qué estás bebiendo? -preguntó Thiago, haciendo una seña a un mesero que pasaba-. Hay que pedir más. Si vamos a estar en este agujero, al menos que sea con alcohol de verdad. Ah, y por cierto... Mateo, te presento a Karla.

Mateo centró su atención en la mujer de traje blanco.

- Karla. Bienvenida. -La saludó con un asentimiento cortés pero distante.

- Es muy hermosa -susurró Sofía, fascinada-.

Parece de otro mundo.

El silencio reverencial de los primos fue interrumpido abruptamente por un bufido de desaprobación.

Fue Karla quien rompió el hechizo.

- Thiago, ¿qué es esto? -preguntó Karla en un tono agudo y escandalizado, cruzándose de brazos -.¿Me trajiste a un teibol dance?

La palabra resonó en la mesa como un cristal roto.

Sofía se giró hacia ella al instante, con el ceño fruncido.

- Shh, cállate -le espetó Sofía, mirándola con una mezcla de indignación e inocencia-. Es un show de baile. Es arte moderno. Y seguro al finalizar bailaremos todos.

La respuesta de Sofía estaba tan cargada de ingenuidad y de ignorancia sobre la verdadera naturaleza del Club Velvet que el aire se volvió pesado.

Los tres hombres -Mateo, Thiago y Benicio- se quedaron de piedra. Se miraron de reojo, compartiendo un silencio incómodo. Ninguno de los tres se atrevió a decirle a la heredera de la finca Flores de la Vega que aquel lugar no era una discoteca donde la gente salía a bailar después del show, sino un club para caballeros de muy alto nivel, donde las mujeres en el escenario no bajaban a bailar con el público, sino a ser compradas en los privados.

Karla miró a Sofía y parpadeó un par de veces.

Luego, una sonrisa condescendiente asomó a sus labios. Miró a la joven prima de su jefe con cara de pobre tonta. Decidió no discutir, limitándose a dar un sorbo a su copa con arrogancia.

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