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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 227

Capítulo 227

CAPÍTULO 145

Samanta estaba de pie, aferrándose los brazos, con la respiración entrecortada y los ojos muy abiertos, como un animal acorralado. La presencia de la joven De la Vega en su espacio privado era el peor escenario posible.

- Me llamo Sofía de la Vega -había dicho la chica, con una franqueza que desentonaba por completo con el ambiente lúgubre y artificial del Club Velvet.

La conversación que siguió fue breve, dictada por el pánico que latía en las sienes de la bailarina. Sofía intentó dar un paso al frente para explicar que venía en nombre de su hermano, pero Samanta levantó una mano temblorosa, deteniéndola en seco.

- No me importa quién seas, ni a qué vengas - susurró Samanta, lanzando una mirada aterrorizada hacia la puerta de madera-. Tienes que irte. Ahora mismo. No es buena idea que estés aquí.

- Solo quiero saber qué pasó con mi hermano Mateo. Él está...

- ¡He dicho que te vayas! -la interrumpió Samanta, bajando la voz hasta convertirla en un siseo urgente-. No sucede nada...

Samanta no terminó la frase. Actuó por puro instinto de supervivencia. Se giró hacia el tocador, agarró un lápiz delineador negro y una de las tarjetas en blanco que habían acompañado un arreglo floral que ya no le importaba. Apoyó la tarjeta sobre el mármol y garabateó diez dígitos con una rapidez frenética.

Se dio la vuelta y le empujó la pequeña cartulina en la mano a Sofía.

-Toma. Es mi número personal. Llévatelo y vete.

Por favor.

Se lo dio con la ferviente esperanza de que Sofía nunca le escribiera. Que lo perdiera, que lo olvidara, que se diera cuenta de que mezclarse con alguien del club era un error. Pero era la única forma de sacarla del camerino antes de que Héctor decidiera entrar a supervisar la charla.

Sofía miró los números trazados en negro comprendió que no era el momento para interrogatorios. Asintió una sola vez, guardó la tarjeta en el bolsillo de su chaqueta de cuero y dio media vuelta.

El hombre del traje raído, estaba apoyado en la pared del pasillo, fingiendo revisar su reloj. Sofía evitó mirarlo a los ojos. Mantuvo la barbilla en alto y se apresuró a encontrar la entrada principal del club.

Cuando finalmente empujó las pesadas puertas de la entrada y salió a la calle, el aire frío de la madrugada le golpeó el rostro como una bendición.

Todo el grupo estaba reunido en la acera, esperándola. La tensión entre ellos era evidente.

Mateo fumaba un cigarrillo con la mirada perdida en el asfalto, mientras Thiago y Karla mantenían una distancia prudente.

Al verla, Benicio dio una palmada.

- ¡Al fin! Pensé que te habías perdido en el baño.

Ya habían decidido dónde ir para salvar la noche, o al menos para intentar borrar el sabor amargo que les había dejado el Velvet. Irian a una discoteca de moda. Benicio estaba muy entusiasmado; para él, la noche apenas comenzaba.

La logística se organizó en la acera. Mateo, buscando la soledad de su propia mente, dijo que iría en su coche. Thiago y Karla, manteniendo su frente unido e impenetrable, fueron juntos en otro coche.

Benicio, siempre el caballero protector se negó a que su prima caminara sola por esas calles. Fue con Sofía.

Caminaron un par de cuadras en dirección opuesta a la zona principal de bares. El viento soplaba fuerte, y Benicio se subió el cuello del abrigo.

- ¿Por qué te estacionaste tan lejos, Sofía? -se quejó él, esquivando un charco en la acera - Sofía sacó las llaves del bolsillo y presionó el botón de desbloqueo. Los faros de su Jeep parpadearon en la oscuridad.

- Pensé que solo íbamos a venir tú y yo respondió ella, abriendo la puerta del conductor y subiendo de un salto-. Iba a ser una misión de entrada y salida. No un desfile de modas.

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