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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 228

Capítulo 228

CAPÍTULO 146

Sofía y Benicio se acercaron a la mesa de Mateo.

-¿Quieres algo de beber?-preguntó Benicio a su prima, alzando la voz para hacerse escuchar sobre un remix de música electrónica.

- No, no -negó Sofía rápidamente, sacudiendo la cabeza-. Voy manejando y sabes que tengo que ir hasta la finca. Es un viaje largo y la carretera de noche es oscura.

Mateo, que los había estado observando en silencio, dejó su cerveza sobre la mesa y se acercó a ellos. Su instinto protector de hermano mayor.

- Yo te llevaré -dijo Mateo, mirándola con seriedad-. No vas a irte sola hasta la finca a las tres de la mañana.

Sofía frunció el ceño.

- ¿Y mi coche? ¿Y el tuyo?

- Iremos en tu camioneta -resolvió Mateo, con la misma capacidad logística que su padre Alexander solía emplear para solucionar problemas imposibles-. Le daré las llaves de mi auto a Benicio para que se vuelva a su apartamento, y yo me quedaré a dormir en la finca hoy.

Benicio, que ya estaba escaneando la pista de baile en busca de compañía y no tenía intenciones de conducir de todas formas, simplemente asintió. No dijo nada y, con un gesto de la mano, salió a buscar unos tragos a la barra, dejándolos solos.

La música retumbaba. Las luces rojas y azules barrían la zona VIР.

Cuando se quedaron solos, Sofía miró a su hermano. Lo veía agotado, con sombras bajo los ojos que el alcohol no podía ocultar.

Sofía metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó su teléfono. Abrió la aplicación de mensajería, tecleó rápidamente y le dio a enviar.

Se acercó a Mateo, se puso de puntillas y le habló directamente al oído para que la escuchara por encima del estruendo de los graves.

- Fíjate en el mensaje que te acabo de enviar.

Mateo frunció el ceño, apartándose un poco. La miró, sin entender por qué le enviaba un mensaje si estaban a la par, a un centímetro de distancia.

Metió la mano en el pantalón, sacó su propio dispositivo y miró la pantalla iluminada.

Era un contacto.

Un nombre simple: Samanta, acompañado de diez dígitos.

- Yo me encargo -suspiró Sofía, sacando las llaves de su Jeep- Yo llevaré a este desastre conmigo a la finca. Se quedará a dormir allí.

El viaje de regreso fue largo y sumamente silencioso. Apenas salieron de los límites de la ciudad, Benicio, vencido el'cansancio, apoyó la cabeza contra la ventanilla fría y se quedó profundamente dormido.

Sofía estacionó frente a la casa principal. Apagó el motor y se quitó el cinturón de seguridad.

Miró a su primo, que roncaba suavemente con la boca medio abierta.

- Llegamos, Benicio. Despierta -dijo Sofía, sacudiéndolo por el hombro.

Benicio balbuceó algo incomprensible, negándose a abrir los ojos.

Sofía sonrió con indulgencia, bajó del coche y abrió la puerta del copiloto, tirando de él para obligarlo a salir. Benicio llegó a la tierra tambaleándose, totalmente dormido de pie, apoyando todo su peso sobre ella.

- Eres el pésimo copiloto, ¿lo sabías? -se quejó ella, riendo por lo bajo mientras pasaba el brazo de él por sus hombros para sostenerlo.

- El mejor... soy el mejor -murmuró él, con los ojos cerrados.

- Claro que sí, campeón. Ven, te vamos a buscar un cuarto antes de que mamá nos vea llegar a estas horas y nos dé un sermón.

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