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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 229

Capítulo 229

CAPÍTULO 147

Karla estaba sentada en uno de los sofás de cuero blanco, sosteniendo una copa de champán que apenas había probado.

Desde el momento en que habían pisado el Club Velvet horas antes, Karla se había querido ir. Aquel primer antro le había parecido lúgubre, turbio, un escenario indigno para ejecutivos de su nivel.

Cuando finalmente lograron salir de allí y los primos decidieron cambiar de escenario, Karla había respirado aliviada, asumiendo que el destino sería el bar de un hotel cinco estrellas o un lounge silencioso. En su lugar, habían terminado en una discoteca de moda que, a sus ojos, no era más que un galpón ruidoso lleno de jóvenes sudorosos.

Se inclinó hacia Thiago, invadiendo su espacio personal para hacerse escuchar por encima de la música.

- Thiago, ¿y si nos vamos ya? -le insistió, rozando su brazo con la mano, exhibiendo una manicura perfecta-. Llevamos aquí más de una hora. Tengo un dolor de cabeza espantoso y mañana tenemos que revisar los informes de las filiales europeas.

Thiago, que estaba sentado a su lado con un vaso de whisky en la mano, no respondió de inmediato. La verdad era que él tampoco estaba cómodo. A sus casi treinta años, y tras haber pasado los últimos años inmerso en la implacable y estructurada cultura asiática, se sentía viejo para esto.

Sin embargo, Thiago no era solo un ejecutivo; era un de la Vega. Y los vínculos familiares, por muy oxidados que estuvieran por la distancia, seguían teniendo peso.

- Todavía es temprano, Karla -respondió Thiago, acercándose a su oído-. Y acabamos de pedir otra ronda.

- Tus primos sabrán cuidarse solos -insistió ella, con un tono que mezclaba el fastidio con la condescendencia-. Mateo está en su propio mundo deprimente en esa mesa alta, y Benicio ya lleva tres tragos de más. No somos sus niñeras.

Podemos irnos y estar en el hotel en veinte minutos.

Thiago tensó la mandíbula. Le molestaba la forma en que Karla despachaba a su familia como si fueran una molestia.

- No -dijo él con firmeza, y su voz adoptó ese timbre autoritario que usaba en las juntas directivas-. Vinimos todos juntos, nos vamos todos juntos. Esa es la regla. Si quieres irte, puepo pedirle a mi chofer que venga por ti, pero yo me quedo hasta que ellos decidan salir.1

Karla captó la advertencia en su tono. Sabía que presionar a Thiago cuando adoptaba esa postura era una batalla perdida. Se reclinó en el sofá, cruzando las piernas con elegancia calculada, у decidió cambiar de táctica.

Paseó la mirada por la zona VIP hasta encontrar a la única otra mujer del grupo familiar. Sofia estaba de pie cerca de la barra, hablando con Benicio, riéndose de algo que el menor de los primos acababa de decir con sus gestos exagerados.

- Tu prima sí que es diferente al resto de ustedes -comentó Karla, con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

Thiago siguió la dirección de su mirada. Observó a Sofía y luego miró a Karla, frunciendo el ceño, detectando el veneno oculto en el comentario.

-¿A qué te refieres? -preguntó él.

Karla dio un pequeño sorbo a su champán.

- Mírala. Ahora parece una mujer normal, adaptada al entorno, supongo. Pero el día del aeropuerto... Dios mío, Thiago. Cuando la vi allí parada, se notaba su verdadero ser. No tenía ni una gota de clase. Con esas botas sucias y el cabello desordenado... parecía una campesina. Una simple campesina que se había perdido en la terminal.

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