Capítulo 233
CAPÍTULO 150
La luz del mediodía se filtraba a través de los ventanales, Karla abrió los ojos lentamente, parpadeando para acostumbrarse a la claridad que inundaba el dormitorio.
Se giró sobre el colchón, extendiendo un brazo hacia el lado izquierdo de la cama. Sus dedos acariciaron las sábanas de algodón, buscando el calor del cuerpo que la había abrazado con tanta urgencia horas atrás. Sin embargo, la tela estaba completamente fría y estirada. Thiago ya no estaba a su lado.
Karla soltó un suspiro largo, dejando caer el brazo.
Se quedó mirando el techo blanco, inmaculado y sin imperfecciones, y dejó que los recuerdos de las últimas veinticuatro horas la inundaran.
Habían trabajado juntos durante el último año.
Doce meses de jornadas interminables, de fusiones corporativas, de reuniones con magnates tecnológicos asiáticos y de cenas de negocios donde ella había sido su escudo, su traductora cultural y su estratega más afilada. Se habían unido mucho en ese continente lejano. Thiago era un hombre brillante, implacable, moldeado a imagen y semejanza de su tío Alexander, y Karla había sabido leer sus necesidades profesionales antes de que él mismo las articulara. Eran un equipo formidable.
A pesar de las miradas compartidas sobre las mesas de caoba y las noches bebiendo whisky en los lounges de los hoteles cinco estrellas, no había sucedido nada entre ellos. Thiago siempre había mantenido distancia, un límite invisible pero impenetrable que Karla había respetado, esperando pacientemente el momento adecuado. Ella no era una mujer que se conformara con migajas; ella deseaba el imperio completo.
Y entonces, la locura de la discoteca de moda, el drama familiar de los primos de la Vega y de la tensión que asfixiaba a Mateo y a Sofía, Karla y Thiago habían regresado juntos al departamento de él.
El alcohol en su sangre, sumado a la adrenalina del regreso y la tensión acumulada de un año de represión, había actuado como un catalizador. En el ascensor, él la había mirado de esa forma oscura y depredadora que ella tanto ansiaba. Una cosa llevó a la otra. Las palabras sobraron. Los trajes de quedaron tirados en el pasillo, y terminaron durmiendo juntos en una explosión de pasión que a Karla le supo a victoria. Para ella, esa noche no había sido un desliz; había sido la consolidación de su estatus. Karla deseaba ser presentada ante el clan de la Vega como algo más que una simple asistente. Quería unirse a la familia.
Ahora, despertando en una cama vacía, la victoria tenía un sabor ligeramente amargo.
Se incorporó, apartando el edredón blanco. El aire acondicionado estaba encendido, Karla tembló levemente. Se levantó y caminó descalza hacia el enorme vestidor y buscó entre la ropa perfectamente ordenada de Thiago. Tomó una camisa blanca de vestir. Se la puso, abotonándola solo a la mitad y doblando las mangas. El olor a la colonia de él la envolvió, dándole una falsa sensación de propiedad.
Salió de la habitación y caminó por el pasillo. Al llegar a la sala de estar principal, lo encontró.
Thiago estaba sentado en uno de los sillones de cuero frente al ventanal. Llevaba unos pantalones deportivos grises y una camiseta básica negra, pero su postura era la de un hombre en plena junta directiva. Tenía la computadora portátil abierta sobre sus rodillas, tecleando a una velocidad vertiginosa, completamente absorto en los gráficos de rendimiento y los correos corporativos.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.