Capítulo 234
CAPÍTULO 151
Cuarenta minutos después, la comida llegó.
Thiago habló sobre la reestructuración del departamento de tecnología, sobre las proyecciones para el próximo trimestre y sobre cómo planeaba enfrentarse al escrutinio de su tío Alexander y su propio padre en la junta directiva.
Karla le siguió el ritmo a la perfección. Aportó ideas, sugirió estrategias de mitigación de riesgos y demostró, bocado a bocado, por qué era indispensable para él en el ámbito laboral. Sin embargo, cada vez que sus miradas se cruzaban sobre los platos de porcelana, Karla buscaba una chispa, un recuerdo de la pasión, pero solo encontraba el reflejo de un líder enfocado en su imperio.
La comida terminó. Volvió el silencio entre ellos.
Miró su reloj, un gesto que Karla reconoció inmediatamente como la señal de que la charla había terminado.
- Si ya estás lista, me ofrezco a llevarte a tu departamento -dijo Thiago, levantándose de la mesa y recogiendo los platos con eficienciaTienes que instalarte bien y descansar. Mañana es nuestro primer día oficial en la torre de VegaCorp y quiero que estemos al cien por ciento. No podemos permitirnos errores frente al consejo.
Karla sintió que el corazón le daba un vuelco de indignación, pero asintió con elegancia.
- Claro. Iré a vestirme y a recoger mis cosas. Dame diez minutos.
Regresó a la habitación, se quitó la camisa de él con rabia contenida y se puso la ropa de la noche anterior, sintiéndose profundamente humillada por tener que salir de allí con el mismo vestido de fiesta a plena luz del día. Guardó sus pertenencias en su bolso, se retocó el maquillaje para borrar cualquier rastro de vulnerabilidad y salió al pasillo, lista para la batalla.
Thiago ya la estaba esperando junto a la puerta principal, con las llaves del coche en la mano y su habitual chaqueta impecable.
Bajaron en el ascensor en un mutismo que pesaba toneladas. Subieron al coche deportivo de Thiago y se incorporaron al tráfico de la tarde.
Fue a mitad de camino, mientras esperaban en un semáforo en rojo, cuando Thiago decidió que era el momento de establecer los límites. Era un hombre pragmático, y no le gustaban las zonas grises.
Sentía la tensión de Karla, y sabía que dejar las cosas al aire solo traería complicaciones en la oficina.
Apoyó una mano en el volante y, sin mirarla directamente, rompió el silencio con una voz calmada, racional y dolorosamente clínica.
- Karla -empezó él, midiendo sus palabras con la precisión de un contrato legal-, no me gustaría que lo sucedido anoche cambie nuestra forma de trabajar.
El semáforo cambió a verde. El coche avanzó, pero para Karla, el mundo se detuvo. Sus manos, apoyadas en su regazo, se cerraron con fuerza alrededor del asa de su bolso hasta que sus nudillos se volvieron blancos.
- Trabajamos muy bien juntos -continuó Thiago, con ese tono razonable que a ella tanto le irritaba en ese instante-. Hemos logrado grandes cosas en Asia. Eres una pieza fundamental en mi esquema de negocios y confío en tu criterio más que en el de nadie en esa empresa. Y no quiero que eso cambie por... un momento de nostalgia del regreso.
profesional.
Thiago soltó un suspiro casi inaudible, relajando la tensión de sus hombros.
- Me alegra escuchar eso, Karla. De verdad. Eres invaluable para mí.
<<Te aprecio mucho»>. La frase resonó en la cabeza de Karla como una sentencia de muerte. Apreciar es lo que se le dice a un buen empleado, a un objeto útil, a un aliado estratégico. No a la mujer de la que estás enamorado.
El coche se detuvo frente al lujoso edificio de apartamentos donde Karla había alquilado. El conserje se acercó a abrirle la puerta, pero Karla no se movió de inmediato.
Había aceptado las reglas de Thiago, sí. Había tragado su orgullo y firmado el tratado de paz emocional que él exigía. Pero ella no era una mujer que se dejara arrinconar sin tener la última palabra.
Karla tomó su bolso y giró el cuerpo para mirar a Thiago directamente a los ojos.
Karla hizo la pregunta que tenía atragantada en su garganta desde que despertó en las sábanas frías, la pregunta que definiría su futuro en la ciudad.
- Entonces, Thiago -dijo ella, con una voz suave pero afilada como un bisturí-. Si somos un equipo y lo de anoche no existió... ¿cómo me vas a presentar mañana en tu oficina frente a tu padre, tu tío Alexander y la junta directiva?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.