Capítulo 235
CAPÍTULO 152
Thiago y Karla fueron los últimos en llegar. Habían pasado la primera hora de la mañana revisando los informes consolidados de la filial asiática en el despacho de él, puliendo cada cifra hasta la perfección. Mientras caminaban por el largo pasillo alfombrado que conducía a la sala, Karla sentía que el corazón le latía con una fuerza inusual contra las costillas. Estaba acostumbrada a enfrentarse a juntas de inversores despiadados, pero esto era distinto. Iba a entrar en la fortaleza misma de los de la Vega.
Cuando las pesadas puertas dobles se abrieron, el murmullo de las conversaciones se detuvo.
Karla contuvo la respiración por una fracción de segundo al asimilar la escena.
Estaban todos. Las tres generaciones de los de la Vega se encontraban reunidas en la sala. En un extremo, conversando en voz baja, estaban los patriarcas de la vieja guardia: Ricardo y Roberto de la Vega, ambos con el cabello completamente plateado pero conservando esa postura erguida que los años no habían logrado doblegar. En el centro de la mesa, Alexander y Lucía junto a Rodrigo y Elisa. Y finalmente, dispersos en los asientos restantes, la nueva generación, Mateo, Sofia y Benicio.
Thiago no titubeó. Avanzó hacia el interior de la sala con Karla a su lađo.
- Buenos días a todos. Lamento la demora, estábamos afinando los últimos detalles de nuestra presentación de hoy -anunció Thiago, atrayendo la atención general.
Se detuvo junto a la mesa, pero antes de tomar asiento, su mano rozó sutilmente la parte baja de la espalda de Karla para guiarla hacia su silla.
Hizo una pausa calculada. Recordaba perfectamente el desafío en los ojos de Karla cuando le preguntó en el coche cómo la presentaría.
- Familia -comenzó Thiago, y su voz adquirió un matiz que oscilaba peligrosamente entre el orgullo profesional y una posesividad muy personalQuiero presentarles a Karla. Ella asume hoy la codirección de operaciones internacionales, pero reducirlo a un cargo sería injusto. Durante estos años, ha sido mi compañera indispensable en absolutamente todo. Regresa a mi lado porque, francamente, no concibo dar un solo paso en esta nueva etapa sin tenerla conmigo.
Karla mantuvo la barbilla en alto, componiendo una sonrisa impecable. Había conseguido el título, el reconocimiento corporativo que exigía su intelecto, aunque en su fuero interno sabía que eso no borraba la frialdad de las sábanas de aquella mañana en el departamento.
El recibimiento fue cortés y protocolar. Todos le dieron la bienvenida con asentimientos de cabeza y murmullos amables, pero Karla, con su aguda capacidad de observación, se percató casi de inmediato de un detalle aplastante: en esa enorme mesa ovalada, absolutamente todos los presentes eran de la Vega. Ya fuera por nacimiento o por casamiento, el apellido era el único pasaporte válido para estar sentado allí. Ella era la única extraña. La única pieza que no compartía ADN ni un anillo de bodas con los dueños del tablero.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.